Batalla de Las Termópilas

Sunday, January 18, 2009

La Batalla de Las Termópilas fue una batalla librada entre una fracción del ejército espartano al mando del rey Leónidas contra todo el ejército invasor del Imperio Persa en el año 480 antes de Cristo, durante la Segunda Guerra Médica en el paso montañoso de Las Termópilas al norte del Atica. A pesar de haber perdido la batalla, los espartanos ganaron un tiempo valioso demorando al ejército de Jerjes I para darle tiempo a los Atenienses para preparar la defensa de su ciudad.

Antecedentes de la Batalla de las Termópilas

La expansión del Imperio Persa hacia occidente hizo que las ciudades griegas del Asia Menor cayeran bajo la esfera de control político de los Persas. Estas ciudades debían pagar tributo al rey persa, pero la sublevación de la ciudad griega de Miletos provocó una rebelión generalizada de todas las ciudades griegas del Asia Menor en en contra de los persas. Como Atenas había contribuido con barcos y hombres en auxilio de sus hermanos griegos, el rey Darío I después de haber aplastado la rebelión juró vengarse de los atenienses y destruir Grecia. La invasión persa desencadenó Las Guerras Médicas. En la Primera Guerra Médica, los persas fueron derrotados, a pesar de su superioridad numérica, por los atenienses en la Batalla de Maratón del año 490 a. C.

A la muerte de Darío su hijo Jerjes I decidió mandar otra expedición para destruir las ciudades griegas, dando comienzo a la Segunda Guerra Médica. En el año 480 a. C. el ejército de Jerjes de más de 500.000 hombres al mando de Mardonio cruzó el Helosponto, se dirigió a través de Tracia y Macedonia, luego descendió hacia el sur, dirigiendose hacia Atenas. Los atenienses pidieron ayuda a los espartanos. Dejando el grueso de su ejército en Esparta para defender la ciudad, el rey Leónidas al mando de un grupo de élite de sólo 300 hoplitas y 6.000 auxiliares se dirigió hacia el norte al encuentro de los persas con el propósito de demorarlos el tiempo suficiente para organizar la defensa Atenas y Esparta.

Los espartanos esperaron al gran ejército de Jerjes en un paso montañoso conocido como Las Termópilas. Los hoplitas eran soldados griegos de infatería pesada, que formaban en falanges con largas lanzas, protegidos con escudos y casco de bronce. Pero su verdadera superioridad estaba en el intenso entrenamiento que los espartanos tenían desde niño en una sociedad preparada para la lucha por la supervivencia.

Batalla de Las Termópilas

Fila tras fila, los persas se estrellaron contra las lanzas y escudos espartanos sin que estos cedieran un centímetro. De esta forma, a pesar de la grave desventaja numérica, Leónidas y sus hombres se opusieron a las oleadas de soldados enemigos con un número mínimo de bajas, mientras que las pérdidas de Jerjes eran muchas y suponían un golpe para la moral de sus tropas.

Frustrado e impaciente, Jerjes envió al frente a sus diez mil Inmortales, su fuerza de élite, llamados así porque cada vez que un Inmortal caía, otro corría a reemplazarlo, manteniéndose en la cantidad fija de diez mil hombres. Sin embargo, los resultados fueron los mismos. Los persas morían a cientos, la moral del ejército decaía y los griegos no mostraban signos de cansancio. La Batalla de Las Termópilas continuó de esta forma durante tres días. Fue entonces cuando Jerjes, abatido, recibió la ayuda de un traidor, Efíaltes.

Efíaltes ofreció mostrarle a Jerjes un paso alternativo que rodeaba el lugar donde estaba Leónidas para acabar con su resistencia de una vez por todas. Sin dudarlo, Jerjes envió un importante número de sus fuerzas por ese paso. Este paso se encontraba defendido por los focidios, pero al verse sorprendidos durante la noche por los persas, huyeron al primer contacto, sellando de esta manera la suerte de los defensores de Las Termópilas.

Cuando Leónidas detectó la maniobra del enemigo y se dio cuenta de que le atacarían por dos frentes, ordenó la retirada de los guerreros no espartanos, pero él con sus 300 hoplita cargo desesperadamente contra el grueso del ejército persa, hasta que sucumbieron por la enorme superioridad numérica de los persos. La Batalla de Las Termópilas le costó al ejército persa más de 50.000 hombres y dos semanas de retraso.