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Friday, January 16, 2009

Guerras Médicas

Las Guerras Médicas fue el enfrentamiento armado entre el Imperio Persa y las ciudades-estado griegas, durante el siglo V a. C. Se le llama "médicas" porque los griegos usaban los términos "medo" y "persa" como sinónimos, a pesar de que Media (Oriente Medio) era en realidad una región contigua a Persia sometida a su imperio.

Antes de las Guerras Médicas, en el siglo VII a. C., las ciudades griegas del Asia Menos se hallaban bajo la soberanía del reino de Lidia. Ellas gozaban de cierta autonomía a cambio de pagarle tributo. Pero en 546 a. C. el rey Creso de Lidia fue derrotado por el rey persa Ciro, pasando desde entonces su reino y las ciudades griegas a formar parte del Imperio Persa. El sucesor de Ciro, Darío I siguió la estrategia de dividir y vencer: apoyó el desarrollo comercial de los fenicios, que formaban parte de su imperio desde antes, y que eran rivales tradicionales de los griegos, en desmedro del de las ciudades griegas. Además, los jonios sufrieron duros golpes, como la conquista de su floreciente suburbio de Naucratis, en Egipto, la conquista de Bizancio, llave del Mar Negro, y la caída de Síbaris, uno de sus mayores mercados de tejidos y un punto de apoyo vital para su comercio. Esto llevó a un gran resentimiento en contra del Imperio Persa.

La causa inmediata de las Guerras Médicas fue la rebelión de Mileto. Esta colonia griega en el Asia Menor no toleró el yugo Persa y bajo el liderazgo de Aristágoras, y con ayuda de tropas atenienses, inició una lucha que se propagó por el Asia Menor, pero finalmente cayó vencida. Tras sofocar la rebelión, los persas reconquistaron una tras otra las ciudades jonias y, después de un largo asedio, arrasaron Mileto. Murió en combate la mayor parte de la población, y los supervivientes fueron esclavizados y deportados a Mesopotamia. Darío no pudo olvidar la intervención de Atenas y juro vengarse y destruir la ciudad griega.


Primera Guerra Médica (493-490 a. C.)

Darío I envió una poderosa flota de 600 naves cuyos integrantes, después de someter las islas Cícladas, bajo el mando de Datis, se dirigieron al Atica para desembarcar en las cercanías de Maratón. En Atenas, la Asamblea del pueblo decidió enfrentar a los persas, aunque los estrategos creyeron conveniente solicitar la ayuda de Esparta. A pesar de que éstos decidieron luchar contra el invasor, contestaron que no podían acudir inmediatamente porque la religión prohibía a sus guerreros partir antes de luna llena. Sin desanimarse ante semejante repuesta, los atenienses acamparon frente a los persas en la llanura de Maratón.

Los atenienses bajo el mando de Milcíades contaban con 11000 hombres, los persas tenían 50000. No obstante la superioridad numérica del ejercito invasor, el ejército griego venció a los persas empujándolos al mar. La victoria de Maratón alentó a los griegos para resistir en adelante el poderío de los persas, considerados hasta ese momento invencibles. Los espartanos llegaron después del combate y felicitaron a los vencedores.


La Segunda Guerra Médica (480-479 a. C.)

Tras la muerte de Darío, su hijo Jerjes subió al poder, ocupándose los primeros años de su reinado en reprimir revueltas en Egipto y Babilonia, y preparándose a continuación para atacar a los griegos. Antes había enviado a Grecia embajadores a todas las ciudades para pedirles tierra y agua, símbolos de sumisión. Muchas islas y ciudades aceptaron, pero no Atenas y Esparta.

El poderoso ejército de Jerjes, que se estima en alrededor de 600.000 hombres, y mejor equipados que los anteriores, partió en el 480 a. C. Las tropas helenas, que conocían estos movimientos, decidieron detenerlos el máximo tiempo posible en el desfiladero de las Termópilas. Al menos el tiempo suficiente para asegurar la defensa de Grecia en el istmo de Corinto. En este lugar, el rey espartano Leónidas I situó a unos 300 soldados espartanos y 1000 más de otras regiones. Jerjes le envió un mensaje exhortándoles a entregar las armas, a lo que respondieron: “Ven a tomarlas”. Tras cinco días de espera, y viendo que su superioridad numérica no hacía huir al enemigo, los persas atacaron.

El ejército griego se basaba en el núcleo de la infantería pesada de los hoplitas, soldados de infantería (intensamente entrenados desde la niñez) armados con un gran escudo, una lanza, coraza y cnémidas (canilleras) de protección. Formaban en falange, presentando un muro de bronce y hierro con el objetivo de detener a los enemigos en la lucha cuerpo a cuerpo. persas se basaban en una infantería ligera, sin corazas y con armas arrojadizas principalmente, además de la famosa caballería de arqueros y carros. El único cuerpo de élite persa eran los llamados “Inmortales”, soldados de infantería pesada que constituían la guardia personal del rey persa.

Sin embargo, en aquel desfiladero tan estrecho los persas no podían usar su famosa caballería, y su superioridad numérica quedaba bloqueada, debido a que el entrenamiento militar espartano era muy superior al de las muchedumbres persas (un hoplita espartano en aquella época era un soldado de élite altamente entrenado y especializado en el arte de la guerra), además que la estrechez del paso les hacía combatir con similar número de efectivos en cada oleada persa, por lo que no les quedó más opción que replegarse después de dos días de batalla.

Pero ocurrió que un traidor, llamado Efialtes, condujo a Jerjes a través de los bosques para llegar por la retaguardia a la salida de las Termópilas. Atacados por el frente y la espalda, los espartanos finalmente sucumbieron después de varios día de lucha y de haber aniquilado a 50.000 persas. El rey Leonidas murió en la batalla junto a sus 300 espartanos.

Con el paso de las Termópilas abierto, toda la Grecia central estaba a los pies del rey persa. Tras la derrota de Leónidas, la flota griega abandonó sus posiciones en Eubea y evacuó Atenas, buscando refugio para las mujeres y los niños en las cercanías de la isla de Salamina. A pesar de ello, el líder ateniense Temístocles aún tenía un plan: atraer a la flota persa y entablar batalla en Salamina, con una estrategia que lograría vencerles.

Jerjes decidió entablar combate naval, utilizando un gran número de barcos, muchos de ellos de sus súbditos fenicios. Sin embargo, la flota persa no tenía coordinación al atacar, mientras que los griegos tenían perfilada su estrategia: sus alas envolverían a los navíos persas y los empujarían unos contra otros para privarlos de movimiento. Su plan resultó, y el caos cundió entre la flota persa, con nefasto resultado: sus barcos se obstaculizaron y chocaron entre sí, yéndose a pique muchos de ellos, y contando además con que los persas no eran buenos nadadores, mientras que los griegos al caer al mar podían nadar hasta la playa. La noche puso fin al combate, tras el cual se retiró destruida la otrora poderosa armada persa. Jerjes presenció impotente la batalla, desde lo alto de una colina.

La guerra continuó al volver el ejército persa para invadir el Ática en el 479 a. C. comandado por Mardonio bajo las ordenes de Jerjes I. Mardonio ofreció la libertad a los griegos si firmaban la paz, pero el único miembro del consejo de Atenas que votó a favor fue condenado a muerte por sus compañeros. De esta forma, los atenienses hubieron de buscar refugio nuevamente en Salamina, y su ciudad fue incendiada por segunda vez.

Al enterarse de que el ejército espartano se dirigía contra ellos, los persas se retiraron hacia el Oeste, hasta Platea. Dirigidos por su regente Pausanias, conocido por su sangre fría, los espartanos, junto a los atenienses y los demás aliados griegos lograron otra estruendosa victoria sobre los persas en Platea, capturando de paso un gran botín que les estaba esperando en el campamento persa. Además de la victoria en Platea, ocurrió poco tiempo después el hundimiento de la flota persa en Micala, que fue además la señal para el levantamiento de los jonios contra sus opresores. Los persas se retiraron de Grecia, poniendo así fin a los sueños de Jerjes I de conquistar el mundo helénico.


Tercera Guerra Médica (479-449 a. C.)

Aunque los griegos habían desalojado a sus enemigos del territorio continental, la guerra prosiguió en las islas del mar Egeo y en las costas del Asia Menor. El jefe espartano Pausanias desalojó a los persas de Chipre y sitió a Bizancio. Pero en ese lugar, dominado por la codicia, entró en negociaciones con el enemigo, por lo que fue destituido y condenado a muerte.

Esparta no deseaba proseguir la lucha en territorio asiático y cuando sus generales se enteraron que las colonias griegas pensaban entregar el mando al líder ateniense Arístides, decidieron retirarse de la lucha. El jefe ateniense reunió doscientas ciudades, con las que formó la confederación de Delos, cuyos integrantes debían contribuir con dinero, naves, y soldados. Atenas confió el mando de la flota a Cimón quien durante veinte años prosiguió la lucha contra los persas. Los expulsó de la costa norte del mar Egeo y también de buena parte del Asia Menor.

El rey persa Artajerjes (hijo de Jerjes I) se rindió y accedió a firmar la Paz de Cimón, que puso fin a las Guerras Médicas.