Los Sumerios

Sunday, January 4, 2009

Los Sumerios, o Súmeros, eran un pueblo que se establecieron hace unos 4500 años antes de Cristo en el sur de la Mesopotamia, region comprendida entre los rios Eufrates y Tigris. El origen étnico de este pueblo es intrigante, ya que no corresponde con las tribus semitas que poblaba la region. Los Sumerios eran hombres de baja estatura, gruesos, y de cráneo mesocefálico (redondeado). Ellos habitaban chozas de ladrillos que lentamente extendieron a lo largo del Eufrates.

Politicamente los Sumerios no constituían una nación, ya que sus ciudades, edificadas sobre colinas y protegidas por murallas, eran independientes una del otra. Eran ciudades-estados que luchaban con frecuencia entre si para mantener la hegemonía. Entre las ciudades más importantes podemos citar a Obeid, Eridu, Uruk, Ur y Lagash. Cada una de estas ciudades Sumerias tuvieron su periodo de esplendor desarrollando su propia cultura.

Si la historia comienza con los primeros documentos escritos dejados por el hombre, podemos decir entonces que la historia comienza con los Sumerios, ya que fueron estos el primer pueblo en desarrollar una escritura, que era cuneiforme escrita en tablillas de arcilla. La lengua sumeria no tuvo parentesco con ninguna otra de su época, no ha habido ningún vocabulario en el mundo que se le pareciera. Era una lengua de tipo aglutinante (como el turco o finlandés), es decir, una palabra consta de una raíz que expresa un concepto y una partícula anexa que le da el significado. También se formaban palabras con dos raíces, lu=hombre, gal=grande, lugal=hombre grande=rey.

La sociedad sumeria estaba condicionada en gran parte por su concepción religiosa del mundo. Las grandes catástrofes naturales que sufrían de vez en cuando (sequías e inundaciones), les hizo ver que no eran el centro del universo. El hombre estaba hecho para servir a los dioses, para que fueran benévolos con ellos. Con esta mentalidad es fácil entender el poder que tenía la clase sacerdotal, los almacenes del templo solían ser los más ricos por donaciones o por la cosecha de sus propias tierras, las cuales se consideraban tierra de los dioses.

El poder político estaba en manos del príncipe, los cuales nunca llegaron a ser divinizados hasta la época de Ur III, pero eran sin embargo el juez supremo y jefe militar de su territorio. De él se esperaba protección y construcciones públicas en beneficio de la ciudad. El Palacio en el que vivía era un centro económico y administrativo, desde el cual se gobernaba al estado-ciudad.