Ejército Romano

Thursday, April 9, 2009

El ejército romano se dividía en los últimos años de la República en cuatro legiones de unos seis mil hombres cada una. Por su número cada legión romana equivaldría a una brigada, pero por su forma era un cuerpo de ejército completo, con infantería, caballería, los vélites o infantería liviana, y máquinas de guerra.

Cada legión se dividía a su vez en 10 cohortes de 600 hombres cada una. Una cohorte estaba compuesta de 3 manípulos, cada uno de 200 hombres. Cada manípulo comprendía 2 centurias de 100 hombres cada una, y cada centuria se subdividía en 10 decurias de 10 hombres. De modo que había 6 centurias en una cohorte, y 60 centurias en una legión.

Cada cónsul mandaba dos legiones, aunque a veces, por carecer de preparación militar, designaban lugartenientes llamados legados de reconocida capacidad. A las órdenes del cónsul se encontraban por cada legión seis tribunos militares que mandaban a mil hombres. Los centuriones dependían de los tribunos militares. La centuria era comandada por un centurión, y la decuria por un decurión. El alma de la legión era la centuria, y el maestro de las batallas era el centurión.

En el combate, la legión se disponía en tres filas, separadas entre sí por un espacio abierto. En la primera combatían los asteros, guerreros más jovenes y fuerte. En la segunda fila estaban los príncipes, soldados mayores de cierta veteranía. En la tercera fila se encontraban los triarios, que eran los soldados con mayor experiencia y que actuaban cuando las dos primeras filas corrian riego de quebrarse. Los triarios eran hombre duros forjados en muchas batallas.

Los vélites formaban la infantería liviana y estaban constituidos por arqueros, honderos, y javalineros. Actuaban como tropas de refuerzo y apoyo a la infantería pesada. A diferencia de la centuria en una legión que estaba compuesta por ciudadanos romanos, los vélites eran tropas aliadas mercenarias.

Al principio para ingresar en el ejército romano, los legionarios no solamente tenían que aportar su propio armamento, sino que también debían ser propietarios y pertenecer a una determinada clase social. Sin embargo, el cónsul Cayo Mario hizo una serie de reformas en el ejército en el año 107 aC. Estas reformas se las conocen como reformas marianas. A partir de estas reformas, el armamento era provisto por el Estado, el legionario recibía un pago, compartía el botín de guerra, y eran reclutados entre las clases sociales bajas de Roma que generalmente eran desocupados.