Tercera Guerra Púnica

Saturday, April 4, 2009

La Tercera Guerra Púnica fue el tercer de los tres conflictos armados entre Roma y Cartago. Tuvo lugar entre los años 149 y 146 aC y terminó con la total destrucción de Cartago después de un largo sitio y la consolidación de la República Romana como la única potencia del Mediterráneo. La Tercera Guerra Púnica fue un encuentro bélico mucho menos intenso que los dos anteriores y se circunscribió al sitio de Cartago.

Mientras Roma extendía sus dominios por la cuenca oriental del Mediterráneo, Cartago se enriquecía nuevamente gracias al intenso tráfico comercial. De acuerdo al último tratado de paz, Cartago no podía hacer la guerra sin autorización de los romanos. Es por eso que los cartagineses no podían llevar a cabo acciones punitiva contra el rey númida Masinisa que los atacaba constantemente. Para solucionar uno de los tantos conflictos entre los númidas y los cartagineses, Roma envió al censor Porcio Catón quien quedó asombrado de la resurrección económica de Cartago.

Al regreso comunicó al Senado romano sus impresiones y no se cansó de bregar por la completa destrucción de Cartago. "Delanda est Carthago" (que Cartago sea destruida), exclamó ante el Senado. Este gran recelo del crecimiento económico de los cartagineses tenía una razón. Pués en la última guerra, Aníbal con sus ejércitos habían invadido la península Itálica y estuvieron al borde de destruir totalmente a Roma, la cual, desde su fundación ya había sido atacada y saqueada varias veces, de modo que se había creado una especie de desconfianza y/o paranoia general y toda aquella nación que se negaba a establecer alianzas, entrando en la orbita de influencia de Roma, podía en el futuro convertirse en una amenaza para su existencia y, por lo tanto, debía ser conquistada o destruida.

Ante un nuevo ataque de los númidas, los cartagineses emprendieron acciones bélicas contra del rey Masinisa, violando de ese modo lo dispuesto en el tratado firmado después de Zama. Entonces Roma les declaró la guerra y envió un ejército al Africa, el cual puso sitio a Cartago. Los cartagineses resistieron el asedio romano por tres años, hasta que finalmente Escipión Emiliano se puso al frente de las legiones y ocupó la ciudad. Cartago fue destruida, incendiada, y devastada, y sus tierras fueron aradas con sal para volverlas infértil y evitar así que ningun cultivo pueda crecer. Los habitantes de Cartago fueron hechos prisioneros y vendidos como esclavos a zonas distantes de las costas del Mediterráneo.