Causas de la Segunda Guerra Mundial

Thursday, May 14, 2009

Las causas de la Segunda Guerra Mundial son cinco. De estas cinco causas podemos diferenciar cuatro causas inmediatas de una causa profunda. Las cuatro causas inmediatas, o directas, a las cuales se les atribuyen ser los agentes históricos disparadores que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial, son: 1) el Tratado de Versalles, el cual fue firmado en 1919, que puso fin a la Primera Guerra Mundial; 2) la grave situación económica (depresión más hiperinflación) que sufrió Alemania en los años de 1920 y al principio de la década del '30, como consecuencia del Tratado de Versalles (los alemanes habían sido forzados a pagar una alta suma de dinero y grandes cantidades de recursos naturales a Francia e Inglaterra); 3) las cuestiones territoriales no resueltas; 4) el ascenso al poder de Adolfo Hitler y el Partido Nazi, cuyos dirigentes eran veteranos de la Primera Guerra Mundial.

La quinta causa es la causa principal que tiene su raíces en la historia de Alemania: el Romanticismo. El romanticismo fue un movimiento artístico e intelectual que comenzó en Alemania desde donde se expandió al resto de Europa al principio del siglo XIX. Una faceta que tuvo el Romanticismo fue el nacionalismo, y el nacionalismo en Alemania tuvo un tinte racista. A su vez, los sentimientos nacionalistas en el país teutónico tuvo dos causas fundamentales (la historia es una cadena de causas y efectos): la Guerra de Los Treinta Años y la Invasión Napoleónica de Alemania.

La Guerra de Los Treinta Años fue una larga guerra del siglo XVII la cual comenzó en Alemania en el año 1618 como un conflicto religioso entre los príncipes protestantes y los católicos. Esta lucha fratricida eventualmente involucró a todas las potencias europeas, las cuales, como cuervos aliados a uno u otro príncipe alemán realizaban incursiones en el territorio de alemania cometiendo todo tipo de desmanes y atrocidades en la población rural. Esta larga y cruel guerra finalmente terminó en 1648 con la firma de los tratados de paz en los respectivos pueblos de Osnabrück y Münster en la provincia alemana de Westfalia. Francia obtuvo las mayores ganancias de la Paz de Westfalia: usurpó las provincias alemanas de Alsacia y la Lorena como así también el derecho de fortificar la margen derecha del río Rin. Los estados alemanes terminaron debilitados y desunidos y la hambruna roía las entrañas de su pueblo. Se estima que la Guerra de Los Treinta Años decimó dos tercios de la población alemana.

El escritor alemán Hans von Grimmelshausen articuló los sentimientos de los sobrevivientes a través de la voz del personaje principal de la novela "La Vida Aventurera de Simplicius Simplicimus", la cual estaba basada en los amargos recuerdos de su infancia. Luego de que su granja fue saqueada y su esposa e hijas violada por las tropas francesas, Simplicius se unió a una banda de soldados alemanes. El se sostenía anímicamente con el sueño de que un día un gran héroe alemán vendría y establecería un glorioso reino. Este gran líder permitiría generosamente a los reinos de Inglaterra, Suecia y Dinamarca, los cuales eran descendientes de tribus germánicas, mantener sus tierras como vasallos alemanes. Durante el siglo siguiente, algo de este sueño se hizo realidad con el advenimiento de los Hohenzollerns, la familia real que transformó los pequeños estados de Brandenburgo y Prusia en una gran potencia militar; el reino de Prusia, el cual se transformó a fines del siglo XVIII en el Imperio Prusiano.

Sin embargo, en 1805, Napoleón Bonaparte derrotó a los austríacos en la Batalla de Austerlitz, y un año más tarde a los prusianos en la Batalla de Jena. Toda Alemania yacía a los pies del general francés devenido emperador. El Ejército Francés atravesó el territorio alemán, derrotando a los Habsburgo de Austria y a los Hohenzollerns de Prusia. Casi un millón de hombres que constituían el ejército napoleónico vivían de la tierra, dedicandose al pillaje, saqueando, violando, asesinando, mientras marchaban a través de Alemania. Aunque algunos alemanes admiraban las modernas reformas que hizo Napoleón, la gran mayoría de los alemanes veían la invasión francesa del territorio alemán con mucho resentimiento. Pronto los intelectuales alemanes comenzaron a predicar y esparcir un nuevo movimiento ideológico llamado Romanticismo. En la mayoría de los países europeos, el Romanticismo no pasó de ser un movimiento artístico y literario, pero en Alemania tuvo un giro político-nacionalista profundo.

Uno de los progenitores de este movimiento fue el filósofo alemán Johan Gottlieb Fichte, rector de la universidad de Berlín. Fichte enseñaba que la raza alemana era una raza superior que tenía el derecho de concretar su destino: el de una nación unida, libre y digna. Influyó en sus seguidores para sacar a los franceses del territorio alemán y forjar la unidad de los estados alemanes en una nación indivisible. Otro ideólogo influyente de la época fue el poeta alemán Ernst Moritz Arndt, quien, en un discurso dado en 1810, convocó a un hombre de acción; un gran "jefe" militar capaz de devolver a Alemania lo que se le había usurpado: parte de su territorio y su dignidad.