Batalla de Caseros

Sunday, September 19, 2010

La batalla de Caseros fue una batalla librada entre el Ejército Grande, bajo el mando del gobernador de Entre Rios Justo José de Urquiza, y el Ejército de la Confederación, comandado por Juan Manuel de Rosas, el 3 de febrero de 1852. Fue una de las batallas más importantes en la historia argentina ya que con ella, se pone fin a la dictadura de Rosas y a la larga guerra civil entre Unitarios y Federales, allanando el camino a la organización nacional y al surgimiento de un Estado moderno, republicano y democrático, basado en una Constitución Republicana, Representativa y Federal.

Preparativos para la batalla de Caseros

A fines de noviembre de 1951, Justo José de Urquiza estableció su cuartel general en Gualeguaychú, donde recibió nuevos contingentes de soldados que fortalecieron su ejército. Luego atravesó la Provincia de Entre Ríos y acampó a orillas del Paraná, próximo a Diamante. A mediados de diciembre un convoy de buques brasileños que conducían refuerzos para Urquiza fue atacado frente al paso de Tonelero por baterías terrestres a las órdenes de Lucio Mansilla. Sin embargo las naves forzaron el paso respondiendo con sus artillería.

El 23 de diciembre, Urquiza inició las operaciones con el cruce del río Paraná. Una vez en la Provincia de Santa Fe, no encontró la resistencia que esperaba, ya que el gobernador Echagüe decidió retroceder para unirse a Rosas. En la noche del 10 de enero de 1852, 700 hombres de un regimiento del Ejército Grande se sublevaron en El Espinillo, al norte de Rosario, y luego de asesinar a sus jefes se dirigieron hacia Buenos Aires y se unieron a Rosas. Sin embargo este incidente no impidió que el ejército de Urquiza avanzara sobre Buenos Aires sin mayor dificultad.

En la mañana del 29 de enero de 1852, el Ejército Grande de Urquiza llegó a Lujan y al día siguiente su vanguardia se encontraba a unas dos leguas de las avanzadas rosistas.

Composición y disposición de las fuerzas contrincantes

El Ejército Grande se componía de unos 30.000 hombres, de los cuales cerca de 24.000 eran argentinos y el resto brasileños y uruguayos. Contaba con 50 piezas de artillería. Para la batalla el ejército de Urquiza fue desplegado de la siguiente manera: ala derecha compuesta por batallones de infantería y caballería entrerriana y correntina a las órdenes de los generales Lamadrid y Medina y los coroneles Galan y Mitre; en el centro la división brasileña comandada por Márquez y Souza, más dos batallones argentinos a las órdenes del Coronel Rivero; el ala izquierda estaba formada por cuatro batallones uruguayos encabezados por el Coronel César Díaz.

Por su parte, Rosas contaba con 22.000 hombres y 60 piezas de artillería agrupados de la siguiente forma: ala derecha formada por cinco regimientos de caballería y once batallones de infantería con artillería interpolada a las órdenes del Gral Pinedo; el centro contaba con treinta cañones al mando de Chilavert; en el ala izquierda había tres batallones de infantería dirigidos por José Díaz.

La Batalla

En la mañana del 3 de febrero de 1852, el Ejército Grande de Urquiza atravesó sin dificultad el arroyo Morón y extendió sus líneas frente a la posición que ya ocupaba el de Juan Manuel de Rosas. La batalla de Caseros se inició a las 09:00 horas de la mañana con un intenso cañoneo, que fue respondido por la artillería brasileña. En esos momentos Urquiza observó que el punto más vulnerable de las fuerzas rosistas era el flanco izquierdo y contra él envió sus tropas de caballería al mando de Gregorio Araoz de Lamadrid que consiguieron imponerse con relativa facilidad.

El ala derecha rosista fue sometida a un fulminante ataque por parte del ala izquierda del Ejército Grande al mando del Coronel Díaz; tras un encarnizado combate, las tropas rosistas cedieron terreno. Luego el esfuerzo de las tropas de Urquiza se concentró en el centro del ejército enemigo defendido por Chilavert, quien se rindió después de una feroz resistencia y fue tomado prisionero cuando su artillería se encontraba sin municiones.

El triunfo de Urquiza fue completo, quedando en su poder unos 7.000 prisioneros, ochenta carros, quinientas carretas, todo el parque, sesenta cañones y numerosas armas de menor calibre.

Huida y renuncia de Rosas

Poco antes de concluir la batalla de Caseros y cuando su derrota era inminente, Rosas se alejó rumbo a la Matanza, pero salió en su persecución una fuerza aliada, que si bien no logró apresarlo, consiguió herirlo de un disparo en el pulgar derecho. En los suburbios de Buenos Aires y en la sola compañía de Lorenzo López, se detuvo en el Hueco de los Sauces, próximo a la actual plaza Constitución, y allí bajo un árbol frondoso redactó con la mano izquierda con mucha dificultad, con lápiz, su renuncia al cargo de gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en forma indeclinable, que su asistente la llevó a la Legislatura.

Rápìdamente, Rosas penetró en el centro de la ciudad y se asiló en la casa de Robert Core, quien era encargado de negocios de Gran Bretaña. Esa misma noche, el ex-gobernador fue conducido junto con Manuela Rosas a la fragata Centauro. Cuatro días más tarde los expatriados transbordaron a la nave Conflict que finalmente los trasladó a Inglaterra, donde residió hasta su muerte el 14 de marzo de 1877.