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Friday, September 24, 2010

Batalla de Cepeda (1859)

La batalla de Cepeda fue librada entre el ejército de la Confederación Argentina, comandado por Justo José de Urquiza, y el ejército de la Provincia de Buenos Aires, bajo el mando del Gral Mitre. Tuvo lugar en la cañada de Cepeda, en el sur de la Provincia de Santa Fe, el 23 de octubre de 1859, durante la presidencia de Urquiza. Luego de un cruento combate que duró varias horas, el ejército de la Confederación salió victorioso.

La derrota sufrida por Buenos Aires en la batalla de Cepeda de 1859, obligó a su gobernador, Valentín Alsina, a negociar, lo que llevó a la firma del Pacto de San José de Flores el 11 de noviembre de 1859, el cual allanó el camino para la incorporación de la Provincia de Buenos Aires a la Confederación.

Antecedentes de la batalla de Cepeda

Urquiza había derrotado en la batalla de Caseros a Juan Manuel de Rosas, caudillo poderoso y despótico que tenía la suma del poder público. Con él se había terminado un largo período de anarquía y caos que caracterizó a la época de los caudillos. Su caída también había posibilitado la firma del Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos y la sanción de la Constitución Nacional por el Congreso Constituyente de Santa Fe el 1 de mayo de 1853.

Sin embargo los unitarios de Buenos Aires que habían colaborado para derrotar al tirano Rosas se negaron a apoyar la política de las demás provincias, tendientes a organizar el país a través de una Constitución federal. Debido a ello, no habían suscripto el Acuerdo de San Nicolás ni tampoco habían enviado sus representantes al Congreso Constituyente de Santa Fe, separándose de este modo del resto del país.

Además la Confederación Argentina tenía problemas económicos debido a que no contaba con una aduana importante para obtener los ingresos necesarios para sus arcas y reducir su déficit. El comercio exterior seguía pasando casi exclusivamente por la aduana de Buenos Aires, que era la mayor fuente de ingresos fiscales del país. De modo que no podía sostener esa situación por mucho tiempo más. Es por ello que en abril de 1859, el Congreso Nacional que residía temporariamente en la ciudad de Paraná, aprobó una ley que obligaba al presidente Urquiza a reincorporar a Buenos Aires en forma pacífica o por las armas si esto no era posible.

Batalla


El ejército de la Confederación estaba compuesto por 14.000 hombres, de los cuales 10.000 eran de caballería y 3.000 de infantería; contaba con 35 cañones y obuses. Incluía, además, divisiones de ranqueles de los caciques Cristo y Coliqueo. En sus filas figuraban los generales Juan Esteban Pedernera, Hilario Lagos, Juan Pablo López, Manuel Basavilbaso, Manuel Antonio Urdinarrain, y Miguel Galarza. Por su parte el ejército de Buenos Aires estaba formado de unos 9.000 hombres, de los cuales, 4.700 eran infantes y 4.000 jinetes, con 24 piezas de artillería. En sus filas formaban los generales Wenceslao Paunero, Venancio Flores y Manuel Hornos. Con ellos iban los coroneles Ignacio Rivas, Julio de Vedia, Benito Nazar, Emilio Conesa, Adolfo Alsina y Emilio Mitre, bajo el mando general de Bartolomé Mitre.

La batalla de Cepeda se inició poco después del medio día del 23 de octubre de 1859. Mitre comenzó el ataque con la infantería, colocando a la caballería en la retaguardia. Al principio, los bonaerenses lograron detener el avance de la infantería nacional, pero enseguida Urquiza desplegó su experimentada caballería en dos alas, rodeó la formación porteña y atacó a su caballería. Simultáneamente, parte de la infantería federal logró destruir tres batallones porteños, formados por tropas bisoñas.

Al caer la tarde, Mitre intentó girar un cuarto de vuelta su formación, desorganizando toda la formación. Ambos generales sabían que la batalla estaba ganada para la Confederación; en cuanto los federales dejaron de disparar sus cañones, reinó de pronto el silencio. Mitre lo hizo tapar con el Himno y otras piezas de música, mientras pasaba revista a sus tropas en la oscuridad. No necesitó mucho para saber que le quedaban muy pocas municiones, por lo que debió emprender la retirada, dejando atrás unos 150 muertos y sus piezas de artillería.