Segundo Gobierno de Rosas

Tuesday, September 14, 2010

El Segundo Gobierno de Rosas fue el período de gobierno de Juan Manuel de Rosas como gobernador de la Provincia de Buenos Aires y en representación del resto de las provincias del Río de La Plata, con la suma del poder público, a partir del 13 de abril de 1835. Su segundo gobierno finalizó el 3 de Febrero de 1852, cuando finalmente fue derrotado en la Batalla de Caseros por Urquiza.

Antecedentes

Cuando estalló un conflicto que se había suscitado entre Salta y Tucumán, Rosas logró que Manuel Vicente Maza, el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires enviara como mediador al caudillo Facundo Quiroga, que residía en Buenos Aires. En el trayecto, éste fue emboscado y asesinado en Barranca Yaco, provincia de Córdoba, por Santos Pérez, un sicario vinculado a los hermanos Reynafé, que gobernaban Córdoba.

El asesinato de Quiroga provocó la renuncia de Maza; el clima de inestabilidad y violencia obligó a la legislatura a llamar de regreso al gobierno a Rosas, que asumió el 13 de abril de 1835, y a otorgarle la condición que exigió: la "suma del poder público", esto es, la representación y ejercicio de los tres poderes del Estado, sin necesidad de rendir cuenta de su ejercicio. Por otro lado, todo este asunto le dio a Rosas la oportunidad única de no compartir el mando del partido federal, que hasta entonces se había repartido con Quiroga y López. Este último en tanto que protector de los Reynafé, quedó muy debilitado y moriría a mediados de 1838. Incluso los caudillos con poder propio cayeron en su órbita, como Juan Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, y José Félix Aldao, de Mendoza.

SEGUNDO GOBIERNO

Luego de haber asumido su segundo mandato, Rosas eliminó de todos los cargos públicos a sus opositores: expulsó a todos los empleados públicos que no fueran federales netos, y borró del escalafón militar a los oficiales sospechosos de opositores, incluyendo a los exiliados. A continuación hizo obligatorio el lema de "Federación o muerte", que sería gradualmente reemplazado por "¡Mueran los salvajes unitarios!", para encabezar todos los documentos públicos; e impuso a los empleados públicos y militares el uso del cintillo punzó, que pronto sería usado por todos.

El 18 de diciembre de 1835, Rosas sancionó la Ley de Aduanas que establecía la prohibición de importar algunos productos y el establecimiento de aranceles para otros casos. En cambio mantenía bajos los impuestos de importación a las máquinas y los minerales que no se producían en el país. Con esta medida buscaba ganarse la buena voluntad de las provincias, sin ceder lo esencial, que eran las entradas de la Aduana. Esta restricción al comercio encareció muchos productos de primera necesidad.

Durante el gobierno de Rosas funcionaba una entidad represiva que se encargaba de perseguir y castigar todo opositor al gobierno. Su nombre oficial era Sociedad Popular Restauradora, pero era comunmente llamada La Mazorca. Se la llamó así por que uno de los métodos de tortura incluía la introducción de una mazorca de maíz por el recto con un palo hasta que este se perdía en el mismo. Entre los perseguidos por el gobierno y que se vieron obligados a exiliarse en el extranjero figuran Estevan Echeverría, Sarmiento y Juan Bautista Alberdi.

Entre los fallidos alzamiento contra del régimen rosista el más importante fue la conocida Coalición del Norte Contra Rosas, que tuvo lugar en 1940 y era organizada por el gobernador de Tucumán Marco Avellaneda, Lavalle, Gregoria Araoz de la Madrid, y el goberdor de Catamarca Castillo. Falta de una buena organización y de suministro, esta fuerza no pudo derrotar al ejército de Oribe.

Política exterior de Rosas

Durante el segundo gobierno de Rosas las relaciones internacionales se caracterizaron por un constante estado de tensión. Las relaciones con Brasil fueron muy malas, pero nunca se llegó a la guerra, por lo menos hasta Caseros. Nunca hubo problemas con Chile, aunque en ese país se refugiaban muchos opositores, que llegaron a lanzar algunas expediciones desde allí contra el régimen dictatorial de Rosas. Con Paraguay, la política de Rosas se limitó a pretender reincorporarlo a la Argentina. Aunque nunca se iniciaron acciones directas en ese sentido.

Los peores problemas empezaron con Francia: la política exterior francesa había permanecido en un perfil bajo por dos décadas, hasta que el rey Luis Felipe intentó recuperar para Francia su papel de gran potencia, obligando a varios países débiles a hacerle concesiones comerciales. Al ver que la Argentina aun no estaba organizada constitucionalmente, pensaron que podían, al menos, obligarla a concesiones comerciales. En noviembre de 1837, el vicecónsul francés se presentó al ministro de relaciones exteriores, Felipe Arana, exigiéndole la liberación de dos presos de nacionalidad francesa, el grabador César Hipólito Bacle, acusado de espionaje a favor de Santa Cruz, y el contrabandista Lavié. También reclamaba un acuerdo similar al que tenía la Confederación Argentina con Inglaterra y la excepción del servicio militar para sus ciudadanos.

Arana rechazó las exigencias, y meses más tarde, la armada francesa bloqueó los puertos de la provincia de Buenos Aires y Montevideo. Y lo extendió a las demás provincias litorales, para debilitar la alianza de Rosas con ellas, ofreciendo levantar el bloqueo contra cada provincia que rompiera con él. También en octubre de 1838, la escuadra francesa atacó la isla Martín García, derrotando con sus cañones y su numerosa infantería a las fuerzas del coronel Jerónimo Costa y del comandante Juan Bautista Thorne. Conducidos a Buenos Aires, fueron puestos en libertad en honor a la valentía que habían mostrado.

El bloqueo francés afectó mucho la economía de la provincia, al cerrar las posibilidades de exportar. Eso dejó muy descontentos a los ganaderos y a los comerciantes, muchos de los cuales se pasaron silenciosamente a la oposición. Sobre el reclamo particular de Francia, esto es, la eximición del servicio de armas para sus súbditos, el gobierno de Buenos Aires retrasó la respuesta por más de dos años. Rosas no se oponía a reconocer a los residentes franceses en el Río de la Plata el derecho a un trato similar al que se daba a los ingleses, pero sólo estuvo dispuesto a reconocerlo cuando Francia envió un ministro plenipotenciario, con plenos poderes para la firma de un tratado. Eso significaba un trato de igual a igual, y un reconocimiento de la Confederación Argentina como un Estado soberano.