Nerón (Emperador Romano)

Thursday, December 2, 2010

Nerón fue el 5to emperador del Imperio Romano y el último de la dinastía Julio-Claudia. Reinó desde el año 54 hasta su muerte en el 68, sucediendo en el trono de Roma a Claudio, quien había sido envenenado por su esposa Agripina, madre del nuevo emperador. Nerón nació en el año 37 en Antium, en el centro de la península itálica. Su padre era Cneo Domicio Ahenobarbo y su madre Agripina la Menor, hermana de Calígula.

Nerón fue proclamado adulto a la edad de 14 años. Fue nombrado procónsul y entró por primera vez en el Senado, además de disertar ante la Cámara. Realizó sus primeras apariciones públicas junto a Claudio y apareció en las monedas emitidas durante el gobierno de su tío como su sucesor. Se casó además con su hermanastra Claudia Octavia. Cuando Claudio murió en el año 54, Nerón ascendió al trono como su inmediato sucesor. Los historiadores antiguos establecieron a Agripina como la asesina, alegando que la madre de Nerón lo envenenó. Por lo tanto Nerón se convirtió en emperador a los 16 años de edad.

Durante su gobierno, centró la mayor parte de su atención en la diplomacia y el comercio, e intentó aumentar el capital cultural del Imperio. Ordenó la construcción de diversos teatros y promovió los juegos y pruebas atléticas. Diplomática y militarmente su reinado se caracterizó por el éxito contra el Imperio Parto, la represión de la revuelta de los británicos (60–61) y una mejora de las relaciones con Grecia. En el año 68 se produjo un golpe de estado de varios gobernadores, tras el cual, aparentemente, le forzaron a suicidarse. Durante el transcurso de su reinado, intentó a menudo complacer a las clases bajas, si bien también fue criticado por el mismo motivo, por su obsesión por ser popular.

En el año 64, estalló en Roma un incendió que devastó la ciudad. El fuego se inició en el sureste del Circo Máximo, donde se localizaban unos puestos que vendían productos inflamables. Según Tácito, historiador romano de la antiguedad, el fuego se extendió rápidamente y duró cinco días, destruyendose por completo cuatro de los catorce distritos de la ciudad y otros siete quedaron muy dañados. El único historiador que vivió durante esa época y que describe el incendio es Plinio el Viejo, mientras que los demás historiadores de la época Flavio Josefo, Plutarco y Epicteto, no mencionan el acontecimiento en sus obras. No está realmente claro cuál fue la causa del incendio, si fue un accidente o fue premeditado. Algunos historiadores afirman que fue el propio Nerón quien lo causó con el objetivo de reconstruir la ciudad a su gusto. Sin embargo Tácito menciona que los cristianos se declararon culpables del delito. A pesar de todo, los incendios accidentales fueron comunes en la Antigua Roma.


A principios del 68, Cayo Julio Vindex, gobernador de la Gallia Lugdunensis, se rebeló contra la política fiscal de Nerón. El emperador envió a Lucio Verginio Rufo, gobernador de Germania Superior a sofocar la revuelta. Entonces Víndex pidió apoyo a Galba, gobernador de Hispania Tarraconense. Verginio Rufo, sin embargo, derrotó a Víndex y este se suicidó, mientras que Galba, por su parte, acabó siendo declarado enemigo público. Si bien Nerón había recuperado el control militar del Imperio, esto fue utilizado en su contra por sus enemigos en Roma. En junio de 68, el Senado votó que Galba fuera proclamado como emperador y declaró enemigo público a Nerón, utilizando para ello a la Guardia Pretoriana y a su prefecto Ninfidio Sabino, que ambicionaba también convertirse en emperador. Nerón huyó de Roma a través de la Vía Salaria. Sin embargo, a pesar de haber huido, Nerón se preparó para suicidarse con ayuda de su secretario Epafrodito, quien lo apuñaló.

El reinado de Nerón se asocia comúnmente a la tiranía y la extravagancia. Se le recuerda por una serie de ejecuciones sistemáticas, incluyendo la de su propia madre y su hermanastro Británico, y sobre todo por la creencia generalizada de que mientras Roma ardía él estaba componiendo con su lira, además de como un implacable perseguidor de los cristianos. Estas opiniones se basan fundamentalmente en los escritos de los historiadores Tácito, Suetonio y Dión Casio. Pocas de las fuentes antiguas que han sobrevivido lo describen de manera favorable, aunque sí hay algunas que relatan su enorme popularidad entre el pueblo romano, sobre todo en Oriente. La fiabilidad de las fuentes que relatan los tiránicos actos de Nerón es actualmente motivo de controversia. Separar la realidad de la ficción, en relación a las fuentes antiguas, puede resultar imposible.