Crisis del Siglo III

Wednesday, January 5, 2011

Se conoce como Crisis del Siglo III al período de caos y anarquía en la historia del Emperio Romano que abarcó los años 235 al 284. La anarquía estalló luego del asesinato del emperador Alejandro Severo perpetrado por sus propias tropas. Durante la Crisis del Siglo III hubo más de veinticinco aspirantes a emperadores que se diputaron el trono de Roma, la mayoría de ellos comandantes de legiones romanas, asumiendo los destinos del Imperio como emperador en forma temporaria hasta que cada uno de ellos eran derrotados o asesinados por su adversario. Entre los años 258 y 260, el Imperio se dividió en tres partes: la Galia, Hispania y Bretania por un lado con el nombre de Imperio Galo; las provincias romanas de Siria, Palestina y Egipto por el otro, bajo el nombre de Imperio Palmireno o de Palmira; y el Imperio Romano propiamente dicho que comprendía la península itálica, los Balcanes y Asia Menor. La Crisis del Siglo III culminó con el ascenso al trono de Roma de Diocleciano y el establecimiento primero de la Diarquía y después de la Tetrarquía.

El emperador más destacado del período de crisis del siglo III fue Aureliano, quien condujo los destinos del Imperio entre los años 270 y 275. Durante este tramo, también se produjo una serie de invasiones por parte de tribus bárbaras. Aureliano derrotó sucesivamente a vándalos, visigodos, palmirenos (véase Zenobia), persas y después a lo que quedaba del Imperio Galo. Al final del año 274 el Imperio Romano fue reunificado del todo, y las tropas fronterizas volvieron a sus puestos. Más de un siglo transcurriría antes de que Roma perdiera otra vez el control sobre las amenazas externas. Sin embargo, docenas de ciudades antiguamente prósperas, especialmente en el oeste del imperio, resultaron arruinadas tras las guerras, sus poblaciones se dispersaron, y debido al colapso del sistema económico la mayoría no pudieron ser reconstruidas. Las otras principales ciudades, incluyendo la propia Roma, se encontraron rodeadas de gruesos muros defensivos que no habían necesitado durante muchos siglos.

Durante y a concecuencia de la Crisis del Siglo III, la población libre de las ciudades comenzó a desplazarse hacia las zonas rurales en búsqueda de comida y protección debido al ataque de fuerzas militares y a la escasez de alimentos en las urbes para quienes no fuesen comerciantes, burócratas o soldados. Desesperados por la necesidad de sobrevivir, muchos de estos plebeyos libres de las ciudades, así como muchos pequeños agricultores, se vieron forzados a renunciar a derechos básicos de ciudadanía para recibir protección de los grandes aristócratas convertidos en terratenientes. Los primeros se convirtieron en una clase de ciudadanos medio libres llamados "colonus". Estaban atados a la tierra y, gracias a reformas imperiales posteriores, sus puestos se hicieron hereditarios. Esto proporcionó un modelo temprano de servidumbre, que formaría la base de la sociedad medieval feudal.

Incluso las propias ciudades empezaron a cambiar de carácter. Las grandes urbes abiertas de la antigüedad dieron paso lentamente a las ciudades amuralladas más pequeñas, tan comunes en la Edad Media, por temor a los ataques externos y ante la falta de tropas imperiales que estuvieran dispuestas a guarnecerlas. Inclusive los antiguos comerciantes urbanos empezaron a arruinarse si su ciudad no era sede de alguna gran autoridad imperial, en tanto ésta era casi la única fuerza militar y económica capaz de asegurar la pervivencia del comercio. También numerosos aristócratas romanos abandonaban las ciudades de provincias para refugiarse en sus grandes propiedades rurales donde se hacían económicamente autosuficientes y podían mantener una autoridad efectiva sobre masas de campesinos, creando el embrión de los señores feudales de siglos posteriores.