Visigodos

Monday, January 31, 2011

Los visigodos fueron una de las dos ramas de los godos luego de su separación; la otra era los ostrogodos. Originarios del norte de Alemania, de la zona del mar Báltico, los godos migraron hacia el sur para establecerse a orillas del mar Negro, donde se separon en dos romas divididos por el río Dniéper: visigodos (godos del oeste) y ostrogodos (godos del este). Durante el siglo III ambos grupos, visigodos y ostrogodos, realizaron incursiones contra el Imperio Romano. Entre los años 270 y 273, el emperador romano Aureliano abandonó la Dacia, región sobre el norte del Danubio, permitiendo su ocupación por los godos. Allí permanecieron durante más de un siglo sin tener conflictos con los romanos, a cuyos ejércitos suministraban tropas, ya que eran excelentes y bravos guerreros.

Entre los años 375 y 376, presionados por los hunos los visigodos se vieron obligados a migrar hacia el oeste hasta la orilla norte del Danubio, donde solicitaron al Imperio Romano, contra el que habían luchado unos años antes, que les aceptara en sus territorios y se les otorgara tierras donde vivir. Se les permitió asentarse en la orilla sur del Danubio y los Balcanes. Para entonces los visigodos ya se habían convertido al arrianismo, una secta oriental del cristianismo que en Occidente fue declarada herejía en el año 325 en el Concilio de Nicea. En el 395, los visigodos estaban gobernados por Alarico I, hijo de Badengaudo. Alarico fue el primero que gobernó sobre la totalidad de los visigodos.

Cuando murió el emperador Teodosio I el Grande ese mismo año, Alarico atacó Constantinopla y asoló Grecia (395 y 396). El general vándalo Estilicón, al servicio de los romanos, logró expulsarlos de Grecia, pero el nuevo emperador, Honorio, temeroso del poder del Estilicón, designó a Alarico gobernador de Iliria, logrando con ello cinco años de paz. Sin embargo, en el año 401, Alarico marchó contra Italia pero fue vencido o disuadido por Estilicon a cambió de su ayuda para luchar contra otros pueblos bárbaros que intentaban llegar a Roma. Luego del asesinato de Estilicón a manos de grupos de romanos, Alarico regresó a Italia y obtuvo nuevas concesiones de Honorio que se había establecido en Rávena, pero una vez que se retiraron los visigodos, Honorio no mantuvo sus promesas.

En el año 410, los visigodos bajo el mando de Alarico atacaron Roma, saqueandola por tres días. Alarico murió en el sitio de Cosenza (410) y le sucedió su cuñado Ataúlfo. Éste pactó con Honorio la salida de Italia a cambio de la concesión del gobierno de las Galias. Los visigodos bajo Ataúlfo dejaron Italia en 412 y fueron al sur de la Galia y el norte de Hispania. Las largas y complejas luchas de Ataúlfo para dominar el sur de las Galias le ocuparon varios años (411 a 414). Luego, en el año 415, en Hispania (España) Ataúlfo fue asesinado en Barcelona y fue sucedido por Walia, quien propone a una alianza con el Imperio Romano, en nombre del cual se encargaría de combatir a los suevos, alanos, vándalos asdingos y silingos que también habían invadido la península Ibérica. De esta manera, los visigodos acaban con los vándalos silingos de la Bética y los alanos de la Lusitania, pero Honorio cambia de planes y vuelve a instalar a los visigodos en la Galia en el 418.

La cúspide del poder visigodo fue alcanzada durante el reinado de Eurico (466–484), quien completó la conquista de España, salvo la Gallaecia, que se mantuvo en poder de los suevos hasta el 586, año que la conquistó Leovigildo. En 507, Alarico II fue derrotado en Vouillé por los francos de Clodoveo I, perdiendo todas sus posesiones al norte de los Pirineos excepto la Septimania o Galia Narbonense de población galorromana. Esta provincia, de vital importancia para el comercio de la época, se mantuvo hasta el final en poder del Reino Visigodo de Hispania. Las ciudades de Narbona y Toledo (la capital de Hispania) constituyeron los polos de la política visigoda.

A finales del siglo VII, las luchas internas por el poder entre dos grandes ramas de la nobleza y el clero fueron continuas. También se produjeron luchas internas entre diferentes grupos que apoyaban a diferentes pretendientes al trono. El rey Wamba, sucesor de Recesvinto, combatía a los vascones en el norte de la Península cuando surgió una nueva rebelión en la Septimania y aunque consiguió apaciguarla, pero fue luego depuesto en extrañas circunstancias. Las contiendas se generalizaron durante los reinados de Égica y Witiza. Cuando el último rey, Rodrigo, alcanzó el trono, sus rivales se aliaron con el jefe musulmán Táriq Ibn Ziyad, quien derrotó a Rodrigo en 711 en la Batalla de Guadalete, cerca de Medina Sidonia, iniciando así la invasión islámica de España sembrando el terror en los pueblos cristianos de la península. Muchos visigodos y romanos migraron hacia el norte de la península, donde bajo las ordenes de un nuevo jefe godo, Don Pelayo, derrotaron en feroz batalla a lo musulmanes en la Batalla de Covadonga, iniciando la Reconquista, una larga lucha que duraría ocho siglos, hasta enero de 1492. Si los visigodos hubieran permanecido unido bajo el mando de un gran monarca, o jefe, como lo fue Carlos Martel y Carlomagno para los Francos, los hordas del islam, jamás hubieran invadido España.