Federico I Barbarroja

Sunday, March 27, 2011

Federico I Barbarroja fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1152 hasta 1190. Perteneciente a la Casa de Suabia, sucedió a su tío Conrado III (1137-1152). Federico I fue el representante más destacado de la dinastía de los Hohenstaufen. Inteligente y ambicioso, procuró devolver a la dignidad imperial su antiguo poderío y esplendor. El principal objetivo de su política, desarrollada durante su largo reinado, fue ampliar y confirmar su dominación en el norte de Italia, donde muchas ciudades habían logrado una casi total independencia a raíz de las libertades otorgadas por los emperadores anteriores de la Casa de Franconia.

Para acabar con esta situación, que ponía en peligro la unidad italiana y con ella la del Sacro Imperio, Federico I se dirigió a la península y reunió a los feudatarios italianos en la dieta de Roncaglia en 1158. Allí les recordó sus obligaciones y proclamó su derecho de administrar justicia e imponer tributos. Además, nombró en cada ciudad un delegado imperial llamado podestá (alcalde). Sin embargo, esta política no tardó en ser resistida por las prósperas ciudades italianas acostumbradas a gobernarse por sí mismas. De esta manera, Milan se puso al frente de la insurrección y expulsó a los delegados imperiales. Entonces, Federico I volvió a la península y ordenó el saqueo y el incendio de la ciudad en 1162.

A partir de ese momento, el Papa Alejandro III se puso al frente de la rebelión y apoyó a las ciudades que se unieron a la Liga Lombarda. Con esto renació la lucha entre el Pontificado y el Imperio y creó, tanto en Italia como en Alemania, dos bandos que representaban otras tantas tendencias. Los güelfos se agrupaban alrededor del Papa y rechazaron la intromisión imperial en las libertades italianas. Los gibelinos, por el contrario, se mostraban partidarios del Emperador y de su política.

A fin de aplastar la insurrección, Federico I Barbarroja cruzó por quinta vez los Alpes y se dirigió a Italia, pero fue derrotado en Legnano en 1178 por los ejércitos de la Liga Lombarda. Debido a ello, en 1183, la paz fue ratificada en Constanza. Allí el Emperador se reconcilió con el Papa, reconoció la independencia de los Estados Pontificios y devolvió a las ciudades italianas sus antiguas libertades.

Federico I Barbarroja tomó parte en la Tercera Cruzada contra los Turcos musulmanes. En esas circunstancias, y cuando ya había atravezado el Tauro en su marcha hacia Jerusalén, pereció ahogado en las aguas del río Cidno en 1190. Le sucedió su hijo Enrique VI, quien gobernó hasta 1197.