Sacro Imperio Romano Germánico

Monday, March 21, 2011

El Sacro Imperio Romano Germánico fue la entidad política europea que sucedió al Imperio Carolingio (de Carlomagno). También conocido como el Primer Reich en Alemania, comenzó en el año 962 con la coronación de Otón por el Papa Juan XII. Desde aquel año, el Sacro Imperio Romano Germánico se mantuvo como la entidad predominante en la Europa central durante casi un milenio y hasta su disolución a principios del siglo XIX (1806) por Francisco II, quien fue el último emperador. El objetivo de Otón I como su primer emperador fue la unión de toda la cristiandad bajo la unidad de la autoridad esclesiástica y laica; el Papa serviría como Vicario de Cristo, encargándose de las cuestiones espirituales, y el emperador de los problemas terrenales. Si bien Otón I fue el primer emperador, la Casa de los Habsburgos fue la dinastía real más importante que tuvo desde el punto de vista político-militar, destacándose Carlos V, Emperador de Alemania, (Carlos I de España).

Antecedentes

El Tratado de Verdún había dividido el Imperio de Carlomagno en tres reinos: Lotaringia, Francia y la Germania, que les correspondió a los tres nieto de Carlomagno: Lotario I, Carlos el Calvo y Luis el Germánico respectivamente. A su vez, el reino de Germania sintió muy pronto los efectos del feudalismo y su territorio se fragmentó distribuido entre poderosos señores feudales. De esta manera, al finalizar el siglo IX, la Germania se hallaba dividida en cinco grandes ducados: al norte Sajonia, al sur Suabia y Baviera, al centro Franconia, y al oeste Lorena.

Como el último descendiente de Carlomagno, Luis el Niño, había fallecido en 911 sin dejar herederos, Germania se encontró a partir de esos momentos sin monarca legítimo. Es por ello que los duques de los cincos ducados implantaron el sistema electivo y entre ellos eligieron un rey, que fue Conrado, duque de Franconia, quien gobernó hasta el año 918. A su muerte llegó al poder la Casa de Sajonia, con el monarca Enrique I el Pajarero (919-936), quien trató de fortalecer la autoridad real frente a los señores feudales, creó en Germania un ejército regular y organizó la defensa de las fronteras para evitar futuras invasiones. A la muerte de Enrique, le sucedió su hijo Otón I el Grande (936-973), quien fue un manarca enérgico, inteligente y ambicioso. Dispuesto a consolidar la unidad del reino, impuso su autoridad sobre los grandes ducados, limitando el poder de los duqes y condes. También creó un feudalismo eclesiástico entregando tierras a la Iglesia para disminuir el poder de los señores.

Coronación de Otón I como Emperador del Sacro Imperio

En 961, el Papa Juan XII solicitó la ayuda de Otón, pues se hallaba amenazado por los lombardos. Éste cruzó los Alpes, conquistó el reino de Lombardía, adueñándose de la corona de hierro. Luego pasó a Roma donde hizo respetar la autoridad y los derechos del Pontífice. A cambio de ello, el 2 de febrero de 962, Juan XII lo consagró Emperador y le ciñó la corona de oro, símbolo de esa dignidad. De esta manera fue creado el Sacro Imperio Romano Germánico. Otón I confirmó las donaciones hechas a la Iglesia y prometió defenderla de sus enemigos, pero exigió que, en lo sucesivo, los Papas prestaran juramento de fidelidad al Emperador antes de ser consagrados como tales.

Germania se convirtió en el centro político y religioso de Europa occidental y quedó fuertemente ligada con Italia, puesto que la capital del Imperio fue Roma. Revestido de gran prestigio, Otón gobernó durante muchos años. En 973, no obstante el carácter electivo del trono, logró que el Papa consagrara Emperador a su hijo Otón II, el que reinó hasta 983. Este fue sucedido por Otón III y a su muerte en 1002 el trono fue ocupado por Enrique II, quien ciñó la corona hasta el año 1024 y fue el último emperador de la Casa de Sajonia.