Sociedad Feudal

Saturday, March 19, 2011

Durante la Edad Media la sociedad feudal estaba formada por tres clases sociales, completamente diferenciadas por sus ocupaciones y riquezas: la nobleza, el clero y los campesinos.

La nobleza estaba constituida por el conjunto de señores feudales quienes estaban ligados por vínculos de vasallaje. Como la principal riqueza era la tierra, el poder de cada señor era proporcional a la importancia y extensión de sus territorios. Esto determinó distintos grados de nobleza que se distinguieron por medio de títulos. Los más importantes eran los duques, marqueses, condes y vizcondes. Les seguían los barones, castellanos y caballeros.

El clero estaba formado por las personas que pertenecían a la iglesia. Como muchos de sus miembros eran nobles, sus principales dignatarios se convirtieron en señores feudales. De ahí que por lo menos un tercio de los señoríos fueron feudos eclesiásticos, a cargo de obispos y abades. Estos, sin embargo, solían ser a su vez vasallos de poderosos señores laicos, originándose de esta manera una confusa interferencia de poderes. En los feudos eclesiásticos, los vasallos recibieron mucho mejor trato que en los laicos. Es por ello que muchos colocaron sus propiedades bajo esa protección, lo que aumentó extraordinariamente el poder de la Iglesia.

La clase más numerosa en la sociedad feudal fue la de los campesinos, conocidos también como villanos, pues habitaban en pequeñas aldeas o villas. Entre los villanos podemos considerar dos grupos: el de los campesinos libres y el de los siervos.

1) Los campesinos libres: su vasallaje era voluntario y sus obligaciones y derechos estaban específicados en el contrato feudal; podían abandonar esas tierras y encomendarse a otro señor. Además no necesitaban autorización para contraer matrimonio ni para transmitir los bienes a sus hijos. No obstante estaban obligados a pagar tributos en especies y en trabajo. Este último se llamaba corvea y consistía en trabajar sin remuneración en tres días en la semana la tierra de su señor.

2) Los siervos: carecían en absoluto de libertad y sus deberes eran muy superiores a sus derechos. Los ciervos eran prácticamente esclavos de la gleba, pues no podían abandonar las tierras que trabajaban y el señor las vendía o alquilaba junto con ellos. Como no tenían contratos que regulaban las mutuas obligaciones, el señor les imponía las cargas que estimaba convenientes. El siervo debía solicitar permiso para contraer matrimonio. Sin embargo, una vez constituida la familia, el propietario no podía separarlo de su mujer ni de sus hijos, tampoco sacarle la casa ni el campo que trabajaba.