La Guerra de los Cien Años

Saturday, April 23, 2011

En la última centuria de la Edad Media se produjo una larga contienda armada entre Francia e Inglaterra conocida como la Guerra de los Cien Años, que comenzó en el año 1337 y terminó en 1453 con el triunfo de las fuerzas francesas en la batalla de Castillón. Entre las causas de la Guerra de los Cien Años figuran:

a) La enemistad que existía entre ambos países desde la época de los Plantagenet, por los dominios que éstos habían obtenido en el territorio francés, aunque en el momento de iniciarse el conflicto, los ingleses sólo poseían la Guyena, feudo que los Capeto ambicionaban ocupar.
b) Las pretensiones de Eduardo III, rey de Inglaterra, para ocupar el trono de Francia. En 1328 había muerto Carlos IV, hijo de Felipe IV el Hermoso, sin dejar descendencia masculina, con el cual se extinguió la dinastía de los Capeto y los franceses quedaron sin rey. Sin embargo, Felipe IV tuvo una hija que se casó con el rey de Inglaterra Eduardo II; el descendiente de este matrimonio, que ciñó la corona de Inglaterra con el título de Eduardo III, se consideró heredero del trono francés por línea materna. Para no ser governados por un monarca extranjero, los franceses aplicaron la antigua "ley sálica", la cual excluía a las mujeres de la herencia, y en 1328 nombraron rey a Felipe VI de Valois, sobrino de Felipe IV. El monarca inglés no acató lo resuelto y elevó una protesta pero no obtuvo repuesta favorable.
C) Los flamencos reconocieron inmediatamente a Eduardo III como rey de Francia, porque estaban ligados economicamente con los ingleses, quienes les suministraban lana para sus fábricas de paño. La alianza de Flandes con Inglaterra era peligrosa para la integridad de los dominios franceses.

La Guerra de los Cien Años se divide en dos períodos, que se inician con triunfos ingleses y finalizan con victorias francesas.

Primer período

La guerra comenzó en 1337 cuando Felipe VI Valois se apropió de la Guyena, en represalia por la alianza de los ingleses con los flamencos. Entonces Eduardo III ordenó la salida de la escuadra inglesa, la cual derrotó a la fuerza naval enemiga en la batalla de La Esclusa en 1340, en las proximidades de Boulogne. Posteriormente y contando con el dominio de las aguas, los ingleses desembarcaron en Normandía y derrotaron a los franceses en la importante batalla de Crecy en 1346. Los vencedores ocuparon luego a Calais, que se rindió luego de once meses de sitio. Sin embargo la lucha debió interrumpirse por los estragos que causaba en Europa la terrible peste negra.

En 1350 murió Felipe VI y fue sucedido por su hijo Juan II el Bueno, gobernante sin condiciones para el mando. Este fue derrotado en la batalla de Poitiers en 1356 y tomado prisionero por el Príncipe Negro, hijo de Eduardo III, llamado así por el color de su armadura. Prisionero el rey francés, asumió la regencia de Francia su hijo el Delfín Carlos, quien debió dominar una revolución en Paris y el levantamiento de los campesinos denominado jaquería, debido a los descontentos contra los nobles. Sin fuerzas suficientes como para emprender la guerra con éxito, Carlos firmó con el monarca inglés la paz de Bretigny en 1360. Por ella, Juan el Bueno recuperaba la libertad a cambio de un rescate de tres millones de escudos de oro y además entregaba a Inglaterra el territorio occidental de Francia.

A Juan el Bueno le sucedió Carlos V (1338-1380), monarca prudente y hábil que se propuso terminar con la anarquía que asolaba a Francia. El soberano francés contó con la colaboración del valiente y osado caballero Beltrán Duguesclin, quien puso fin a los desmanes de ls compañías, y con un sistema de guerras de escaramuzas reconquistó paulativamente el territorio francés entregado a los ingleses por la paz de Bretigny.

Segundo período

A la muerte de Carlos V le sucedió en el trono de Francia su hijo Carlos VI, que a la sazón contaba doce años. Al llegar a la mayoría de edad, el nuevo rey enloqueció (1392), situación que aprovecharon varios ambiciosos para tratar de ocupar el trono, entre ello su hermano el duque Luis de Orleáns y Juan Sin Miedo, duque de Borgoña, primo del monarca enfermo. No tardaron en producirse sangrientas revueltas entre los armañacs, partidarios del duque de Orleáns, y los borgoñeses, seguidores de Juan Sin Miedo. Aprovechando los incidentes que ocurrían en Francia, el nuevo monarca inglés, Enrique V, invadió el territorio continental y derrotó a un ejército reclutado por los armañacs (de Luis de Orleáns) en la batalla de Agincourt en 1415.

El duque de Borgoña, ante la imposibilidad de enfrentar con éxito a los ingleses, trató de reconciliarse con los armañacs, que propiciaban la candidatura al trono del Delfín Carlos, hijo del rey enfermo. Sin embargo, en el transcurso de una entrevista con sus rivales, Juan Sin Miedo, duque de Borgoña, fue asesinado, por lo cual sus seguidores decidieron aliarse con los ingleses.

Por el tratado de Troyes de 1420, los ingleses y borgoñeses obligaron al rey Carlos a que desheredara a su hijo el Delfín, y a casar a su hija con Enrique V, además debió reconocer a éste heredero del trono francés. Sin embargo, como a los dos años murieron los soberanos que firmaron el tratado de Troyes. Enrique VI, hijo del matrimonio y que sólo tenía un año de edad, fue proclamado en Paris rey de Inglaterra y Francia. Casi todo el norte del territorio francés reconoció y apoyó al nuevo monarca. Sin embargo, los armañacs, refugiados en la ciudad de Bourges, designaron rey al Delfín, con el nombre de Carlos VII.

La guerra continuó y los ingleses estrecharon paulatinamente el cerco y en 1428 citiaron la ciudad de Orleáns, uno de los últimos baluarte de la defensa. La crítica situación por la que atravesaba el suelo francés despertó por primera vez en sus hijos el sentimiento del patriotismo, que tuvo su mejor expresión en una Santa, llamada Juana de Arco (1412-1431). Al frente de un pequeño ejército, al que exigió la máxima decencia y disciplina, partió rumbo a Orleáns. Ante la presecia de Juana de Arco, los sitiados, enardecido por el patriotismo y colocados bajo sus órdenes, lograron rechazar a los ingleses.

La valerosa Doncella de Orleáns obtuvo nuevos triunfos, situación que permitió a Carlos VII trasladarse a Reims, en cuya catedral fue coronado rey de Francia. Posteriormente Juana de Arco cayó prisionera de los Borgoñones, cuando trataba de liberar la ciudad de Campiegne, y fue entregada a los ingleses por la suma de 10.000 francos de oro, ante la indiferencia de Carlos VII, que no se preocupó por el destino de su salvadora.

El patriotismo despertado por Juana de Arco y su sacrificio aceleraron la victoria sobre los ingleses. Fue entonces que los borgoñones rompieron su alianza con los ingleses y por el tratado de Arrás reconocieron a Carlos VII en 1435. Consolidado el dominio real, los franceses obtuvieron un nuevo triunfo en la batalla de Castillón de 1453, y a partir de ese momento los ingleses abandonaron lentamente el territorio invadido. Al cabo de veinte años, sólo dominaban la plaza de Calais, que perdieron en 1558.