La vida de la nobleza feudal

Friday, April 1, 2011

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de 42 años. Además las condiciones de vida de la nobleza feudal eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos. Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad; las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frias y tristes.

Hasta que se reanudó el comercio con Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza. La comida del noble y la familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el queso, el pescado, zanahorias, y las arvejas, siendo las únicas frutas que se podían obtener con abundancia eran las manzanas y las peras. No se conocía el café ni el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no debían trabajar para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI. Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal estaban lejos de ser refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataban con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquel era un mundo masculino. En los siglos XIII y XIV, sin embargo, se suavizaron y mejoraron los modales de las clases aritocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería llegó a ser el código moral y social del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.