Adelantados y Capitulaciones

Thursday, September 15, 2011

Luego de los primeros descubrimientos, la empresa conquistadora de América sufrió una transformación, pues la monarquía hispana, sobre todo en época de Carlos I, prefirió orientar todos sus recursos económicos y militares hacia los asuntos europeos. Por lo tanto, la conquista de las lejanas tierras americanas fue entonces encarada con la colaboración de particulares, quienes recibirían el título de Adelantados, con quienes la Corona firmaba contratos especiales denominados Capitulaciones; en éstas constaban con claridad los derechos y obligaciones de las partes contratantes. El particular se comprometía a financiar la empresa; el rey, a su vez, otorgaba el permiso para conquistar y colonizar un determinado territorio. Igualmente quedaban estipulados los derechos y obligaciones de las partes contratantes, las sanciones deribadas del incumplimiento del contrato, el porcentaje que correspondía a la Corona sobre el total de las riquezas halladas (entre la décima o quinta parte), etc.

El título máximo otorgado por el rey era el de Adelantado. Esta institución tiene su antecedente en la época de la reconquista española, cuando los monarcas castellanos designaban con el nombre de "adelantado" a quienes "adelantaban" tierras para la cristiandad en su lucha contra los musulmanes, colocándoles al frente de territorio fronterizos. Al traspasarse este sistema al Nuevo Mundo sufrió importantes transformaciones; por lo tanto, los privilegios emergentes de la Capitulación aproximaban al Adelantado a un señor feudal, ya que éste pasaba a ser capitán general y justicia mayor con jurisdicción civil y criminal en el territorio asignado, con derecho de hasta dos vidas, es decir que su título de Adelantado era traspasable por herencia; tenía la facultad de encomendar indios y de repartir tierras entre sus hombres, de eregir fortalezas, de acuñar moneda, monopolizar los derechos de tráfico y pesca, de dictar ordenanzas y de nombrar funcionarios subordinados. Además, se lo solía eximir del pago de ciertos impuestos.

Estas grandes concesiones no significaba que el Estado español estuviera ausente de la empresa conquistadora; la Corona, pese a no contribuir a la financiación de las expediciones, se reservó el derecho de controlar todos los aspectos de ésta. A tal efecto, designaba veedores reales encargados de hacer complir estrictamente las condiciones pactadas. El Adelantazgo como institución americana, nace y muere en el siglo XVI. Las leyendas tejidas en torno a las Indias Occidentales impulsaron a muchos hombres, a veces con la financiación de comerciantes, a arriesgar grandes fortunas en empresa que, además de peligrosas, solían resultar improductivas. La Corona, por su parte, halló un medio de obtener beneficios sin arriesgar nada. Sin embargo, al afianzarse la conquista, la monarquía impuso un nuevo sistema administrativo por el cual los territorios colonizados fueron gobernados por funcionarios reales regidos por una burocracia colonial centralizada; entre estos funcionarios el más importante sería la figura del virrey.