Civilización Azteca

Wednesday, September 14, 2011

La civilización azteca fue una cultura pre-colombina mesoamericana que se comenzó a desarrollar en la alti-planicie mexicana a comienzo del siglo XIV de nuestra era. Los aztecas decían proceder de la región de Aztlán al igual que algunos de sus hermanos de raza -toltecas, chichimecas, tlaxcaltecas- establecidos con anterioridad en el valle de México. Según el Codice Mendocino, los aztecas fueron los últimos en arribar a la región donde, hacia el año 1325, fundaron la ciudad de Tenochtitlán erigida sobre una isla del lago Texcoco. El sitio se llamó también México, voz derivada de Mextil, tal vez un antiguo jefe, luego divinizado. Desde 1376, fecha de la elección del primer monarca azteca, hasta 1520, en que se produce la irrupción conquistadora de Hernán Cortés, este pueblo aumentó su predominio en la región sobre la base política de una confederación integrada por tres ciudades: Tenochtitlán, Texcoco y Tacuba. El poderío de la civilización azteca se extendió por el centro, sur y parte del este del actual territorio mexicano. En la época de su último jefe, Moctezuma (1502-1520), los aztecas llegaron a su máximo esplendor. Sin embargo, no constituían una nación en el sentido moderno de la palabra: faltaba una verdadera unidad cultural, linguística y social. Dentro del imperio azteca los pueblos sometidos debían pagar fuertes tributos, las sublevaciones eran frecuentes y el estado de guerra casi permanente.

Organización política

El monarca azteca -tlacatecuhtli (señor de guerreros)- era elegido por un consejo de grandes señores. Como jefe supremo, ejercía funciones militares, civiles y religiosas pero su cargo no era hereditario. La estructura social se sustentaba en veinte clanes o barrios llamados calpullis, cada uno de los cuales elegía un jefe llamado calpullec, cuya función consistía en proteger y defender su jurisdicción y en mantener al día el registro de las tierras pertenecientes al calpulli. Otro importante funcionario era el tecuhtli, que era encargado de dirigir las tareas policiales y de reclutamiento, en tanto que un comisionado atendía la relaciones con el culto. Existía además un cuerpo consultivo asesor del calpullec integrado por ancianos.

Organización económica

La economía azteca era de base agrícola, la cual exigió una cuidada planificación del régimen de la propiedad de la tierra. Sólo los miembros de la nobleza y los del sacerdocio podían tener propiedades individuales, pero el monarca tenía el poder de despojarlos de ellas. Las continuas guerras y los gastos públicos exigían la explotación de extensas parcelas, cuyo producto engrosaba las arcas del Estado. Cada calpulli (barrio) tenía la propiedad comunal de la tierra de su jurisdicción, la que era otorgada a los padres de familia; si dejaban de explotarla la perdían. Además, la negativa a casarse y algunos delitos especiales implicaban también la pérdida de la parcela y la obligación del sancionado de trabajar al servicio de otros.

Los aztecas cultivaron maíz, cacao, ají, frijol, tomate, etc; con el cacao elaboraron el chocolate (cacoatl) y con la fermentación del jugo del agave fabricaron la bebida conocida actualmente con el nombre de pulque; usaron también el tabaco. No practicaron la ganadería y sólo cazaban animales silvestres. La industria textil produjo tejidos de algodón, hilo de magüey o pelo de conejo. Trabajaron los metales - fundamentalmente el cobre- con los que hacían cuchillos y hachas. Los objetos de joyería, cerámica y el trabajo de la pluma se encuentran entre sus artesanías más características.

Religión

Los aztecas adoraban a numerosos dioses, en los cuales veían reflejadas sus ideas sobre la vida y los fenómenos naturales. Entre los más populares se encontraban Tonatiuh (el Sol); Metztli (la Luna); Huitzilopochtli (colibrí, dios principal de Tenochtitlán y deidad de la guerra); Quetzalcóatl (serpiente emplumada, dios de los vientos). Los aztecas practicaban sacrificios humanos y, antes del surgimiento del Estado como organización política, la antropofagia (canibalismo) era una solución al problema de los pueblos prisioneros que perdían las guerras y perdían sus tierras; puesto que no había forma de mantenerlos los mataban y se los comían; sin embargo, con el surgimiento del Estado, se los dejaban en sus tierras y se les cobraba un alto tributo, pero los guerreros que sobrevivían eran sacrificados en ceremonias religiosas. Al creer que los dioses regían las fuerzas universales era preciso que el hombre participara entregando su sangre como alimento de la divinidad, a manera de compensación. Al sacrificio más común que efectuaban los sacerdotes, consistía en arrancar el corazón de la víctima, cuya carne después era comida. De esta manera, continuaba la antropofagia, pero ya como práctica mágicocultural arraigada en el pueblo azteca.