Cabildos en Hispanoamérica

Monday, October 24, 2011

Cuando el conquistador español fundaba una ciudad, procedía de inmediato a crear el cabildo, el cual tenía jurisdicción no solamente sobre ella sino también sobre la región aledaña. En los primeros tiempos el cabildo en hispanoamérica constituía la base local del gobierno político, pero paulatinamente fue perdiendo parte de sus atribuciones originales para eregirse en defensor de intereses locales. No obstante, conservó algunas prerrogativas que le permitieron reaccionar contra los abusos de algunos funcionarios de la Corona. Por otra parte, la generalizada costumbre practicada en las ciudades más ricas de vender los puestos concejiles, llevó a adjudicar el cargo a quien más pagase por éste. Los vecinos más ricos tenían marcada preeminencia y se turnaban en el manejo de los asuntos municipales.

Antecedentes de los cabildos

Como casi todas las instituciones indianas, los cabildos tenían antecedentes peninsulares. Los consejos de Castilla y León, los cabildos de Aragón y Navarra y los consells de Cataluña son los más remotos antecedentes de estos organismos que debieron su desarrollo a los fueros y cartas pueblas concedidos por los reyes a los señores en la época de la Reconquista Española. Estos organismos municipales se fueron afianzando durante la Edad Media, advirtiéndose en ellos el predominio de la burguesía. Pero paulatinamente el fortalecimiento del poder real trajo aparejado una mayor injerencia de la Corona en los asuntos de las ciudades. A principios del siglo XVI los cabildos españoles entraron en crisis. La Revolución de los Comuneros fue severamente reprimida por Carlos I en la batalla de Villalar en 1521 que terminó por consagrar los principios absolutistas típico de la época al derrotar al poder municipal alojado en los concejos castellanos. Desde entonces, los cabildos en España habían subsistido como organismos sumamente restringidos por el poder real, con la pérdida de muchos de sus antiguos privilegios.

Composición del cabildo hispanoamericano

Durante la conquista, al erigirse una nueva ciudad correspondía al fundador nombrar a los primeros funcionarios del cabildo. Posteriormente los miembros salientes procedían a elegir a sus sucesores. Duraban un año en sus funciones, cambiando cada primero de año. El cabildo estaba compuesto por dos alcaldes (uno de primero y otro de segundo votos); los regidores, cuyo numero podía variar de seis a doce; el alférez real; el alguacil mayor y el fiel ejecutor. Además eran designados directamente por el cabildo: el procurador general, el mayordomo de la ciudad, los alcaldes de la Santa Hermandad, el defensor y juez de menores, el defensor de pobres, entre otros.

Funciones

Los integrantes del cabildo componían un organismo colegiado que tenía a su cargo el gobierno de la ciudad y de sus aledaños, pero cada uno de sus miembros complía funciones específicas. Los alcades de primero y segundo votos tenían a su cargo la administración de justicia en primera instancia en los asuntos de menor cuantía, tanto en lo civil como en lo criminal; eran jueces que fallaban a verdad sabida y buena fe guardada. El alcalde de primer voto reemplazaba al gobernador o capitán general en caso de ausencia o muerte; también presidía el cabildo y éste no podía sesionar sin la presencia de por lo menos un alcalde.

El alférez real era el encargado de portar el estandarte real en las ceremonias públicas; este cargo asignaba gran jerarquía social y, por lo general, era concedido a un vecino principal. El alguacil mayor tenía a su cargo la ejecución de las decisiones judiciales de los alcaldes, así como todas las funciones de policía. El fiel ejecutor se encargaba de vigilar la exactitud de las pesas y medidas empleadas por los comerciantes. Además, estaba dentro de sus funciones procurar el abasto de la ciudad, la inspección de mercados y la vigilancia de los precios y aranceles.