Emancipación de las trece colonias

Thursday, October 27, 2011

Una serie de restricciones derivadas del monopolio comercial inglés y aumentos impositivos impuesto por el rey Jorge III fueron los disparadores del movimiento de emancipación de las trece colonias inglesas de la América del Norte. Debido al monopolio comercial, sólo se permitía la exportación exclusiva a Inglaterra, sin autorizar el intercambio directo con ningún otro país. En la práctica, el desarrollo de la agricultura, la industria, la pesca y, sobre todo el contrabando permitían soportar el régimen económico impuesto por la Corona Inglesa.

Al terminar la Guerra de los Siete Años (1756-1763), por la cual Inglaterra adquirió el Canada y la parte oriental de la cuenca del Misisipí, las condiciones política y económica habían variado. Los ingleses se vieron obligado a mantener en América un importante ejército y el gabinete decidió que las colonias debían solventar los gastos que el despliegue de sus tropas acarriaban. A tal efecto, el Parlamento votó la ley del azúcar, que fijaba impuestos sobre las partidas del producto que entraran en las colonias. Posteriormente aprobó la ley del timbre, por la cual todos los documentos legales deberían pagar un derecho de estampilla o estar impresos en papel sellado vendido por el goierno.

Los colonos se opusieron tenazmente a los nuevos gravámenes, aduciendo que el Parlamente inglés no tenía el derecho de aplicarles impuestos, ya que carecían de representantes en él. La asamblea de Virginia, por ejemplo, declaró que los colonos sólo estaban obligados a acatar las leyes financieras votadas por sus asambleas. Al generalizarse este principio, se decidió reunir un congreso en Nueva York (1765), al cual concurrieron delegados de nueve de las trece colonias. El congreso finalmente aprobó una declaración de derechos, cuyos puntos esenciales fueron: 1) se establecía que los americanos eran súbditos ingleses; 2) que el parlamento inglés no podía imponerles contribuciones por no tener representantes en el mismo; 3) que era un derecho del súbdito no pagar contribución en cuya creación no hubiese participado; 4) que los americanos no estaban representados en el Parlamento.

Frente a la unánime resistencia colonial, el Parlamento inglés anuló la ley que probocó el conflicto, aunque la cámara declaró que tenía derechos a imponer contribuciones a las colonias en todos los casos fueren los que fuesen. No obstante, al aprobarse una nueva ley que establecía impuestos sobre el té, papel, el vidrio y el plomo, el conflicto se reinició. Además se creó un cuerpo de comisarios de aduanas con plenos poderes para requisar mercaderías de contrabando. Descontentos ante estas nuevas medidas, un grupo de americanos, disfrazados de pieles rojas, se reunieron en el puerto de Boston y arrojaron al agua un cargamento de té inglés. Jorge III ordenó entonces el cierre del puerto de Boston, prohibió las reuniones públicas y estableció el alojamiento obligatorio de las tropas inglesas por los habitantes de Massachusetts. La indignación que causó la represión determinó la convocatoria de un Congreso General de las trece colonias a realizarse en Filadelfia.

Congreso de Filadelfia (1774-1775)

A este congreso asistieron en calidad de delegados importantes personalidades, como John y Samuel Adams, George Washington, John Jay, etc., en representación de doce colonias (Georgia no asistió). Allí se resolvió solicitar al rey la supresión de las leyes que imponían contribuciones a las colonias sin el consentimiento de éstas. Jorge III rechazó las proposiciones del Congreso de Filadelfia y envió más tropas al continente. En abril de 1775, un grupo de milicianos coloniales venció en Lexington a un contingente inglés, iniciándose así la guerra que sólo habría de concluir con la emancipación de las trece colonias norteamericanas.

Veinte días después de este combate se reunió el llamado Segundo Congreso Continental, con la participación de todas las colonias. Allí estaban los hombres más esclarecidos del movimiento: John Adams, George Washington, Thomas Jefferson, Benjamín Frankin, Robert Morris, partidarios todos de la independencia. El Congreso Continental decidió organizar un ejército y nombró a George Washington, diputado por Virginia, general en jefe de las tropas. Washington tenía entonces 43 años de edad y era un rico terrateniente que gozaba de gran prestigio entre sus compatriotas, tanto por sus dotes intelectuales como por sus condiciones morales.

Organizado el ejército patriota, Washington sitió la ciudad de Boston, que estaba en poder de los ingleses. Luego de ocho meses de lucha logró su objetivo y marchó a defender New York.

Declaración de la Independencia de los EEUU

La medida más importante tomada por el Congreso fue la Declaración de la Independencia absoluta de las colonias, redactada por una comisión en la que figuraban John Adams, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin y aprobada el 4 de julio de 1776. Este documento declara que las trece colonias son Estados libres e independientes reunidos en confederación pero conservando cada una de ellas su libertad política y religiosa.

La lucha armada y la intervención europea

Washington, investido por el Congreso con plenos poderes, debió enfrentar la ofensiva inglesa y abandonar su posición cerca de Nueva York. El primer triunfo importante del ejército revolucionario fue en Saratoga en 1777. Allí, un ejército británico llegado de Canadá se rindió ante las fuerzas de un lugarteniente de Washington. Éste, por su parte, no pudo impedir la penetración inglesa en Filadelfia, y el Congreso debió trasladarse a Lancaster. No obstante, el triunfo de Saratoga tuvo importantes consecuencias: puso a salvo a Nueva York y facilitó las gestiones de Benjamín Franklin en París, que decidieron la intervención francesa. En Francia, la causa americana despertó gran entusiasmo. Muchos franceses atravesaron el Atlántico para ponerse a las órdenes del Congreso: el marqués de La Fayette fue uno de ellos. A su vez que el gobierno francés, deseoso de tomar desquite contra Inglaterra, proveía de armas y municiones a los americanos. Después de Saratoga se produjo la alianza francoamericana, decisiva para la causa patriótica. Más tarde España y Holanda también apoyaron la causa de los revolucionarios. La primera estaba ansiosa de recuperar la Florida y Gibraltar, en tanto que Holanda deseaba volver a su predominio marítimo.

La guerra de la independencia se prolongó cinco años más. Los ingleses se fortificaron en el sur, donde contaron con la ayuda de algunos sectores. Sin embargo, el dinero y la marina franceses inclinaron, paulatinamente, los resultados de la guerra en favor de los americanos. El ejército de Washington y la flota francesa bloquearon el puerto de Yorktown en 1781, en Virginia, donde las tropas inglesas se habían atrincherado. Frente al implacable asedio de ambas fuerzas, los británicos se rindieron.

Tratado de París (1783

La guerra se había hecho impopular en Inglaterra, y tanto el partido Whig como los comerciantes de Londres ansiaban su terminación. Luego de la renuncia del Primer Ministro Lord North, la Cámara de los Comunes del Parlamento inglés votó terminar la guerra en abril de 1782. Entonces, el gobierno inglés inició entonces conversaciones con el representante norteamericano en Europa, John Adams, a quien asesoraban Franklin y Jay, que culminaron con el tratado de París en 1783, que constituyó un duro revés para los ingleses. Por este documento, Inglaterra reconocía la independencia de los Estados Unidos de América; Francia recuperaba Saint Pierre y Miquelón en América, y el Senegal, en Africa; y España readquiríría la Florida y recuperaba Menorca, en las Baleares. Las últimas tropas inglesas partieron hacia Inglaterra del puerto de Nueva York en noviembre de 1783.