Expedición de Pedro de Mendoza

Thursday, October 13, 2011

El adelantazgo del Río de la Plata fue concedido por Carlos I a Pedro de Mendoza en 1534, con potestad para establecer y fundar fortalezas y pueblos. La expedición de Pedro de Mendoza presentaba notorias diferencias con las organizadas por Cortés y Pizarro. Éstas, gestadas con el aporte de modestos recursos, culminaron en resonantes triunfos. En cambio la de Pedro de Mendoza, que tenía mayores recursos y una preparación más meticulosa terminó en un rotundo fracaso.

La expedición de Pedro de Mendoza partió del puerto de San Lúcar de Barrameda en agosto de 1535 y estaba compuesta de alrededor de 1.500 hombres y catorce naviós, llegando al "río de Solís" (Río de la Plata) en enero de 1536. La primera preocupación fue establecer un sitio poblado a partir del cual pudieran realizarse otras exploraciones. De esta manera, el 3 de febrero de 1536, en las cercanías del actual parque Lezama, tuvo lugar la ceremonia de fundación de una población que denominaron Nuestra Señora del Buen Aire, nombre escogido en honor de la virgen sarda (de Cerdeña) del santuario de Cagliari, patrona de los navegantes.

La amistad inicial de los indígenas pronto se trocó con hostilidad debido, seguramente, a las imposiciones de los españoles. La escasez de alimentos hizo que Pedro de Mendoza enviara a uno de sus capitanes para obtenerlos en las costas del Brasil, en tanto comisionaba con el mismo motivo a Juan de Ayolas para que penetrara en el Paraná. También Mendoza envió a su hermano Diego a expedicionar la región del delta el 15 de junio de 1536, pero este contingente fue atacado ferozmente por los indígenas; aunque más de cien indios fueron muertos durante la lucha, algunos españoles murieron también en el combate, entre ellos el propio Diego de Mendoza. Ese mismo día, en las proximidades de la laguna Coronda, Ayolas fundó Corpus Christi, luego de la cual regresó a Buenos Aires y convenció al adelantado, quien estaba afectado por una grave enfermedad (probablemente sifilis), para que se traslade hacia el fuerte recientemente fundado.

Mendoza así lo hizo, dejando a Francisco Ruiz Galán al frente de Buenos Aires. En las proximidades de Corpus Christi fundó Buena Esperanza y despachó a Ayolas para que remontara el Paraná y tratara de internarse en las tierras en las que, presumiblemente, se encontraban las fabulosas riquezas. La salud de Pedro de Mendoza empeoró, razón por la cual decidió regresar a España, pero murió en alta mar. Antes de partir había nombrado a Ayolas gobernador delegado.

Las "sierras del plata" era el objetivo buscado por el capitán Juan de Ayolas. Navegó por el norte del Paraná y en un puerto que llamó Candelaria dejó un contingente al mando de Domingo Martinez de Irala, en tanto él, con otro grupo, se internó por tierra rumbo al oeste. Su viaje en medio de la selva fue sumamente infortunado. Seguramente debió enfrentarse con indígenas hostiles, pues nada se supo de su suerte.

Antes de su partida, Mendoza había ordenado a Juan de Salazar de Espinosa que acudiese en ayuda de Ayolas. Cerca de Candelaria se encontró con Irala y juntos iniciaron una infructuosa búsqueda. Luego, mientras Irala permaneció en Candelarias, Salazar se dirigió al sur y el 15 de agosto de 1537 fundó un fuerte que denominó Asunción.

Cuando en España se conoció la noticia de la muete de Pedro de Mendoza, la Corona, en previsión de futuras disputas por el mando, dictó la real cédula del 12 de septiembre de 1537 por la cual se fijaba que, ante la eventual muerte de Ayolas, el poder debía pasar a quien resultase elegido por mayoría de votos de los habitantes. En consecuencia comisionó al veedor Alonso Cabrera para que hiciera cumplir el ordenamiento real. Mientras tanto la región se constituyó en escenario de enonadas disputas entre Irala y Ruiz Galán. El primero había fortificado su posición en Asunción, apoyado por sus soldados, a quienes había repartido tierras e indios, constituyéndose en indiscutible caudillo. La llegada del veedor Cabrera, que se puso de su lado, legalizó su situación de acuerdo con los términos de la real cédula de 1537.

Una vez al frente del gobierno de Asunción, Irala ordenó la despoblación de Buenos Aires, argumentando que Asunción presentaba la ventaja de encontrarse más cerca de la región donde se ubicaban "las tierras de las platas", y que los guaraníes que vivían en sus cercanías eran muchos dóciles que los indígenas de Buenos Aires y, por lo tanto, se prestaban para ser repartidos y afectados a trabajos agrícolas. Además la permanencia de Buenos Aires representaba para Irala un centro político rival en el cual se hacía sentir la influencia de Ruiz Galán. En consecuencia, Buenos Aires fue despoblada y destruida en 1541.