Pizarro y la Conquista del Perú

Friday, October 7, 2011

El extremeño Francisco Pizarro parte hacia América en 1502 con la expedición de Nicolas Ovando. Este duro y tenaz soldado de los Tercios Españoles, había adquirido mucha experiencia en combate en las campañas de Nápoles contra los franceses. En 1509, Pizarro llegó al Darién. Luego de actuar junto a Ojeda, Balboa y Pedrarias, se estableció en Panamá donde logró amasar una regular fortuna. Allí conoció a Diego de Almagro, dotado de un mismo afán aventurero, con el que intentaría llegar las costas del Perú, listo para la conquista. En 1524, Pizarro salió de Panamá con la primera expedición. Sin medios adecuados, y debido a la hostilidad de los naturales, su primera empresa no tuvo éxito. Sin embargo, perseverantes y con voluntad de acero, Pizarro y Almagro se asociaron con Hernando de Luque, quien aportó el capital necesario para intentar la difícil empresa de conquistar hasta el entonces desconocido imperio incaico.

En su segunda tentativa, Pizarro llegó hasta la isla de Gallo (entre Colombia y Ecuador), donde esperó refuerzos. Algunos de sus acompañantes, frente a las dificultades que presentaba la empresa, intentaron forzar el regreso. Desde Panamá llegó entonces un buque para embarcar a los descontentos, pero Pizarro insistió tenazmente en continuar; se afirma que trazó con su espada una línea en el suelo y dijo: "por aquí se va al Perú a ser ricos, por allá se va a Panamá a ser pobre". El reducido grupo siguió en medio de las mayores privaciones. Después de recibir ayuda de Panamá pudo llegar hasta Tumbez, en el golfo de Guayaquil, donde hallaron una próspera ciudad que anticipaba la proximidad del fabuloso imperio. Los futuros conquistadores pudieron obtener muestras de objetos de oro y de plata que compensó las penurias pasadas. Este éxito inicial los indujo a regresar a Panamá para ajustar los detalles de una tercera y definitiva expedición al imperio incaico.

En 1528 Pizarro se dirigió a España a fin de obtener autorizaciones y títulos reales para su empresa. Carlos I firmó una capitulación por la que autorizaba a explorar y conquistar el territorio de Nueva Castilla y le otorgó los títulos de gobernador y Capitán General y adelantado. Finalmente, Pizarro consiguió para Almagro el nombramiento de gobernador de Tumbez; Luque fue nombrado obispo de esta última ciudad, en tanto que los que habían quedado con él en la isla de Gallo recibieron la jerarquía de hidalgos.

En enero de 1531 Pizarro salió de Panamá con tres naves con 180 hombres y 27 caballos. Los navegantes llegaron a Tumbez y se enteraron de la guerra civil entre los incas, conflicto en el cual el Atahualpa enfrentó y venció a su medio hermano Huáscar. Pizarro y sus hombres viajaron más de un mes con la intención de arribar a Cajamarca, ciudad situada entre Quito y Cuzco, donde se encontraba Atahualpa, a la que finalmente llegaron en diciembre de 1532. Allí encontraron una ciudad semidesierta, pues Atahualpa, con unos 30.000 hombres, se encontraba expectante en las afueras de ellas. Pizarro solicitó una entrevista con Atahualpa, quien accedió a dialogar con él en la plaza de la ciudad. Fue entonces cuando el capitán extremeño preparó un plan para capturar al Inca. Al llegar a la ciudad, Pizarro, que había distribuido estratégicamente a sus hombres, se adelantó a recibirlo con un monje y un intérprete. El sacerdote le acercó una biblia, pero Atahualpa la rechazó violentamente. Esto obró de señal: los soldados cayeron sobre los indígenas, se apoderaron de Atahualpa y lo encerraron. El Inca pretendió comprar su libertad con un fabuloso rescate: ofreció llenar con oro y plata la habitación donde se encontraba hasta una altura que marcó con el brazo en alto.

Mientras los servidores del Inca partían en busca de los metales preciosos para rescatarlo, trayendo todo tipos de objetos de oro y plata, se producía la llegada de Almagro con refuerzos a Cajamarca. Después de varios meses, y a pesar de haber cumplido lo pactado, Atahualpa seguía preso, ya que los españoles lo habían acusado de instigar la muerte de su hermano Huáscar y de patrocinar una rebelión. Además, aplicando las normas de la civilización europea, se lo acusó de incesto por ser el esposo de su hermana y de sacrilegio por adorar dioses falsos. Finalmente Atahualpa fue condenado a morir en la hoguera como hereje, pero como a último momento aceptó ser bautizado se le aplicó la pena del garrote, o sea, la muerte por estrangulación. Pizarro entró en el Cuzco en 1533 y reconoció como Inca a Manco Capac, hermano de Huáscar. En 1535, luego de obtener fabulosas riquezas, Pizarro fundó la ciudad de Lima, desde la cual se iniciaría la conquista de Chile y el Alto Peru.