Revolución del 1 de diciembre de 1828

Friday, October 28, 2011

La Revolución del 1 de Diciembre de 1828 fue el movimiento armado, conducido por Juan Lavalle, que derrocó al gobernador Manuel Dorrego. Desde tiempo atrás, los unitarios dirigidos por Agüero, ex-ministro de Rivadavia, tramaban una revolución para restaurarse en el gobierno. A tal fin, decidieron apoyarse en las tropas que regresarían de la campaña contra el Brasil y comprometieron al general Lavalle para que acceptara la dirección militar del movimiento. La oficialidad del ejército republicano había abrazado la causa de los conspiradores, mostrándose partidarios de adherirse a la revolución.

Aunque eran públicas las intenciones de los unitarios, Dorrego no creyó en un golpe armado y ordenó brindar una calurosa recepción a las tropas que habían vencido a los imperiales. A fines de noviembre de 1828, esos efectivos comenzaron a llegar a Buenos Aires. Al amanecer del 1 de diciembre, el general Lavalle y el coronel José Olavarría, al frente de la 1ra División del Ejército, ocuparon la plaza de la Victoria en medio de las aclamaciones de los unitarios. Sin fuerzas con qué oponerse, Manuel Dorrego abandonó la fortaleza por una puerta trasera y luego de ocultarse algunas horas marchó a la campaña.

Dueño de la ciudad, el general Juan Lavalle se dirigió por la tarde a la Capilla San Roque, próxima a la Iglesia de San Francisco, donde habían convocados a una centena de ciudadanos, acaudillado por el Dr Agüero, para un simulacro de elección popular. Al solo nombre del candidato y únicamente en caso de aprobación, los presentes debía alzar su sombrero. Cuando se propuso a Juan Lavalle, todos lo aclamaron y en consecuencia, debido a tan singular procedimiento, el citado militar fue electo gobernador provisorio de la provincia de Buenos Aires. En la reunión también se resolvió el cese de la Junta de Representantes, cuyos nuevos miembros serían elegidos posteriormente.

Muerte de Dorrego

Mientras tanto, Dorrego se dirigió a Cañuelas donde se reunió con Rosas, quien, enterado de los sucesos, había comenzado a reclutar paisanos e indios. Por su parte, Lavalle delegó el mando en el almirante Brown, y al frente de un regimiento de caballería salió en persecución del gobernador derrocado.

Rosas aconsejó a Dorrego no librar combate hasta reforzar los efectivos, pero el segundo decidió marchar hacia Navarro, donde el 9 de diciembre fue vencido por Lavalle. Las tropas federales se dispersaron y entonces Rosas se dirigió hacia el norte, rumbo a Santa Fe, en busca de Estanislao López, pero Dorrego no quiso seguirlo y prefirió marchar hacia San Antonio de Areco, a fin de lograr la incorporación del coronel Angel Pacheco y su regimiento. Pero estas tropas se sublevaron y a las órdenes del coronel Escribano apresaron a Dorrego y lo pusieron a disposición de Lavalle, quien se encontraba en su campamento de Navarro.

Cuando el prisionero llegó a dicho lugar, ese mismo día, el 13 de diciembre de 1828, enteróse que sería fusilado en el término de una hora. En ese lapso Dorrego escribió varias cartas de despedida y algunas esquelas sobre asuntos particulares. Por orden del general Lavalle y sin ajustarse a las más elementales normas de legalidad, las descargas de fusiles del pelotón, puso fin a la vida de Dorrego.