Valdivia y la conquista de Chile

Saturday, October 8, 2011

De acuerdo con la demarcación territorial fijada por la Corona, el territorio chileno quedaba bajo la juridicción de Diego de Almagro, quien después de una infructuosa expedición entre 1535 y 1537 en busca de oro y plata se desinteresó de la empresa. En 1540, el capitán Pedro de Valdivia fue autorizado por Pizarro para iniciar la conquista de Chile, a la que la tenaz resistencia interpuesta por los araucanos impondría características distintas a las experimentadas en el Perú.

Valdivia al frente de 150 hombres llegó al valle del río Mapocho, donde fundó la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura en febrero de 1541. Las circunstancias se presentaron muy difíciles: la falta de abastecimientos y la empecinada belicosidad de los naturales obligó a los españoles a extremar sus cuidados. Valdivia resolvió solicitar refuerzos al Perú, comisionando a tal efecto a Alonso de Monroy. Sin embargo, los refuerzos demoraron más de tres años, pues, por ese entonces, Perú estaba sumido en luchas internas entre los conquistadores. A fines de 1543 llegaron algunos contingentes con los cuales Valdivia pudo ampliar su dominio sobre los territorios conquistados; fundó la Serena en 1544 y ordenó avanzar hacia el sur. Los españoles obtuvieron tierras e indios, pero las encomiendas no dieron resultado ya que los araucanos rechazaron el trabajo servil que se les imponía.

Al tener noticias de la rebelión de Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco Pizarro) en contra del pacificador La Gasca, Valdivia volvió al Perú alistándose en las filas de este último. Terminada la contienda, La Gasca lo designó gobernador de Chile. Valdivia emprendió entonces una vigorosa acción hacia el este y el sur. Ordenó a Francisco de Villagra la ocupación de Tucumán, cruzando la cordillera, en tanto él se dirigió hacia el sur donde fundó Concepción en 1550. Los araucanos por su parte, dirigidos por el cacique Lautaro, plantearon una nueva táctica, basando su ofensiva en la superioridad numérica, pero en lugar de atacar en masa, convirtiéndose en presa fácil de las armas de fuego, plantearon una lucha por grupos. En la batalla de Tucapel, en 1544, esta táctica les dió óptimos resultados, pues la caballería española se agotó frente a los ataques escalonados de las fuerzas indígenas, que pese a sus bajas, se renovaban constantemente. Las tropas española fueron derrotadas y Valdivia, hecho prisionero, fue condenado a una terrible muerte.

Ante la desaparición del jefe español, sus lugartenientes Francisco de Aguirre y Francisco de Villagra se disputaron la jefatura del gobierno de Chile pero, finalmente, la audiencia de Lima reconoció al segundo de los nombrados. En el nuevo enfrentamiento, los araucanos dividieron sus fuerzas en dos contingentes: uno al mando de Caupolicán operaba en el sur, y el otro, a cuyo frente se hallaba Lautaro, tenía la intención de atacar Santiago. Villagra venció a este último en las cercanías del río Mataquito en 1557 en donde Lautaro fue muerto en combate.

En tanto proseguía la guerra araucana, fue nombrado nuevo gobernador de Chile García Hurtado de Mendoza, hijo del virrey del Perú. El nuevo funcionario se dirigió hacia el sur: repobló Concepción y fundó la ciudad de Cañete, y en 1558 llegó frente al archipiélago de Chiloé con intención de dar una embestida final a las fuerzas de Caupolicán. El jefe araucano intentó destruir la nueva población de Cañete, pero cayó prisionero víctima de una emboscada. Posteriormente, fue ejecutado en medio de torturas, similares a las impuestas a Valdivia. La muerte de Caupolicán desalentó la resistencia Araucana y los indígenas sin ser totalmente derrocado se refugiaron en el sur.

Hurtado de Mendoza consolidó la dominación española en Chile y por su orden fue colonizada la región de Cuyo que culminaría con la fundación de las ciudades de Mendoza, San Juan y San Luis.