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Saturday, April 7, 2012

Guerra Cristera

La Guerra Cristera fue una guerra civil entre cristianos católicos y el gobierno mexicano. Tuvo lugar en México, entre 1926 y 1929, durante la presidencia de Plutarco Elías Calles. La Guerra Cristera fue causada por una ley anti-católica, conocida como "Ley Calles", emanada de tres artículos de la Constitución Mexicana de 1917 (los art. 3, 27 y 130), los cuales también fueron puestos en estricta vigencia durante el gobierno de Calles. Se puede decir que este conflicto armado tuvo su antecedente en la presidencia de Benito Juarez quien había iniciado la secularización de la educación y del matrimonio en México. De acuerdo a las nuevas normas jurídicas del Estado mexicano, los sacerdotes no podían criticar al gobierno y hacer declaraciones políticas, se prohibió las órdenes monásticas y la dirección de las escuelas por un sacerdote, y sobre todo se prohibió las misas al aire libre y las procesiones religiosas, lo que constituyó un ataque a la libertad religiosa.

La Guerra Cristera comenzó el 23 de agosto de 1926, cuando 400 católicos armados levantaron barricadas en una iglesia de Guadalajara y se enfrentaron a las tropas federales; este primer combate tuvo un saldo de 18 muertos. Como represalia, el gobierno atacó la iglesia de Sahuayo, matando un sacerdote y un vicario. Inmediatamente, las rebeliones católicas se multiplicaron por todo México ante el llamado a una insurrección general lanzado por Rene Garza, el jefe de la Juventud Católica de México. A medida que el gobierno incendiaba iglesias y ejecutaba religiosos y católicos practicantes, bandas armadas de católicos atacaban cuarteles militares y edificio gubernamentales. Se calcula que unos 50.000 católicos lucharon en la Guerra Cristera, que costó la vida de más de 90.000 personas.

Para detener la masacre, el embajador estadounidense en México, Dwight Whitney Morrow inició negociaciones de paz. Al principio las negociaciones se estancaron cuando un católico mató al presidente electo Alvaro Obregón. Sin embargo, los esfuerzos del embajador norteamericano tuvo sus frutos y se pudo obtener un cese de fuego, poniendo fín a las hostilidades el 21 de junio de 1929.