Culto de los muertos. Momificación

Friday, August 21, 2015

La creencia fundamental de la eternidad o supervivencia del alma al lado del cuerpo en la tumba, inspiró y desarrolló las medidas de protección del cuerpo, el arreglo de la tumba y el servicio de ofrendas. El rito principal en la protección del cadáver fue la momificación, destinada a volverlo incorruptible. En efecto, su descomposición entrañaba, en el pensamiento de los antiguos egipcios, el anulamiento del alma, que debía reencarnarse en su cuerpo para alimentarse de las ofrendas. En épocas prehistóricas, el contacto con las arenas del desierto alcanzaba para producir un desecamiento que conservaba los despojos humanos. Sin embargo, con el desarrollo de la fosa en cuevas en las cercanías del Nilo y el contacto forzoso del cadáver con un poco más de aire húmedo, trajo como consecuencia que las cualidades del terreno cesaran de actuar eficazmente y fue necesario encontrar otros medios contra la corrupción.

De este modo nace el arte del embalsamamiento en época tinita. Sus primeros ensayos, mediante aplicación de natrón sobre los cuerpos cubiertos con sudarios o mediante envoltura en vendas impregnadas con resina, testimonian una práctica poco segura aún de sus medios. Las pocas momias del Imperio Antiguo llegadas hasta nuestros días se encuentran en un precario estado de conservación. Las momias del Imperio Medio, tratadas con resina, están delicadamente embalsamadas, pero son siempre frágiles. Sólo bajo el Imperio Nuevo, con el afluir de aromas y de esencias asiáticas en el mercado egipcio, el arte de embalsamamiento alcanza su apogeo y elabora prácticas cuya descripción fue recogida más tarde por los historiadores griegos. De esta época clásica del embalsamamiento datan las momias indestructibles, con carne apenas contraída y la piel moderadamente ennegrecida. El procedimiento creado por los embalsamadores tebanos dura hasta el fin de la civilización egipcia. Se degrada rápidamente en época romana y fue reemplazado por la práctica, más radical en sus efectos, pero grosera de la maceración de los cadáveres en betún hirviente.

Heródoto y Diodoro Sículo describieron las operaciones de la momificación, que podía ser de tres clases, la más lujosa de las cuales costaba un talento de plata en el siglo I a. C. Remitido el cadáver, un escriba trazaba con un pincel sobre el abdomen la incisión que debía practicarse. El parasquisto abría entonces el flanco con un sílex. El tariqueuto retiraba las vísceras a excepción del corazón y de los riñones, las lavaba con vino de palma y las hacía reposar en aromas. Luego llenaba la cavidad del abdomen con mirra, canela y otros perfumes, cosían el cuerpo y lo dejaban macerar durante setenta días en un baño de natrón. Luego de lo cual lo lavaban y los coáquitas comenzaban a envolverlo, poniendo aromas en las vendas y mortajas de lienzo impregnadas en goma arábiga. Una vez hecho esto, completaban la protección física del cuerpo por medio de la protección mágica. Cada venda o pieza de lienzo se colocaba con una oración que la identificaba con una divinidad protectora. Se colocaban amuletos entre las vendas o se cosían al sudario. El principal era un escarabajo grande, colocado sobre el pecho a la altura del corazón. Tratado en esta forma, el cadáver se encontraba identificado por los ritos al de Osiris mismo y el difunto recibía en las fórmulas el título de Osiris.