Organización política y social de los asirios y caldeos

Tuesday, August 25, 2015

La forma de gobierno de los asirios y caldeos fue la monarquía despótica y teocrática. El poder del rey era absoluto y, aunque no se le consideraba un dios, ejercía su representación. De este modo, el mismo era soberano del Estado y de la religión. Además de todo el poder político, el rey reunía todos los derechos, constituyéndose en dueño de la vida y de los bienes de sus súbditos.

El imperio estaba divididos en provincias, llamadas satrapías, las cuales eran gobernadas por un sátrapa o prefectos. Éstos eran encargados de cobrar los impuestos, administrar la justicia y mandar los ejércitos. Los asirios no ocupaban las naciones vencidas, sino que las hacían sus tributarias; no obstante, éstas conservaban sus jefes y autoridades, pero tenían la obligación de suministrar hombres para la guerra. Los pueblos sometidos eran considerados provincias vasallas.

Organización social

Primitivamente, la población se dividió en clanes de origen común, sólidamente organizados. Eran patriarcales y el hombre era el jefe de la familia, poseyendo una autoridad ilimitada, tanto en el aspecto civil como en el religioso. Debido a que el predominio de la realeza era absoluto, los asirios carecían prácticamente de clases sociales y el resto del pueblo estaba esclavizado bajo el directo poder militar del soberano.

Por su parte los caldeos, rigieron sus costumbres por medio del Código de Hamurabi, según el cual la sociedad comprendía tres clases bien definidas: la nobleza, los hombres libres y los esclavos. Ésta última era la más numerosa y se hallaba formada por los prisioneros de guerra, los esclavos de nacimiento y los castigados por delitos.

La justicia se administraba aplicando al culpable un castigo equivalente al daño cometido, principio sintetizado en la frase "ojo por ojo, diente por diente", lo que se llamaba ley del Talión. El código reglamentaba el ejercicio de las profesiones y aseguraba la protección de las viudas, huérfanos y pobres. El marido y la mujer estaban unidos en matrimonio por un contrato, cuyos aspectos más importantes eran los que se referían a los bienes de los esposos y al reparto de las herencias.