Primeros vestigios de humanidad

Monday, August 3, 2015

Los primeros vestigios de humanidad, o del homo erectus y el sapiens, que se han encontrado fueron armas, es decir, utensilios punzante-cortante y magullante-contusivo empleados en la caza para dar muerte a un animal o a otro hombre, en el contexto de la lucha por la supervivencia. Estos vestigios, o primeras armas, se dan en forma de puntas de lanza, hachas, cuchillos, martillos de guerra, etc, construidos con obsidiana, cuarzo, sílex (pedernal), hueso y madera endurecida con fuego. Las armas más antiguas evidentes, es decir, que muestran claros signos de un trabajo manual sistemático de una función motora de la corteza cerebral ya avanzada, se remonta a unos 900.000 a 800.000 años, producidos por el Homo erectus, encontrados en Etiopía (Africa), China (Asia) e isla de Java (Indonesia - Asia).

Ésta es la gran paradoja de la humanidad: los principales referentes políticos e intelectuales del hombre moderno del siglo XXI, que hablan constantemente de la paz y la tolerancia, tienen su origen evolutivo en la lucha por la supervivencia, empleando herramientas para dar muerte a su presa y a su enemigo que incursionaba en su territorio de caza. De esta manera, fabricando armas de guerra con los varios tipos de materiales que le brindaba la naturaleza, el origen de la humanidad, desde un punto de vista intelectual, es el conflicto y su contienda con el medio para sobrevivir, que se refleja en los diversos tipos de armas que daba forma con su intelecto y sus manos, que no son otras cosa que la proyección de éste.

Como nómada en busca de su presa, o como sedentario en su urbe moderna en una sociedad estratificada, el hombre ha fabricado armas por cientos de miles de años. Ya en tiempos modernos, una vez encontrada la paz o solución a un conflicto, surgen otros nuevos. Por motivos ideológicos, religiosos, económicos y políticos, las guerras nunca parecen tener fin, tal vez porque el origen mismo de la humanidad es el conflicto, que estimuló el desarrollo de la corteza del cerebro construyendo armas de piedra, hueso y madera.

Por Carlos Benito Camacho