Conquista alejandrina del Imperio Persa

Tuesday, October 6, 2015

En otoño del año 335 (a. C.) Alejandro Magno regresó a Mecedonia para ultimar los preparativos de la guerra contra Persia, que comenzaría en la primavera del año siguiente. En esta época salió de Pella, la capital de Macedonia, al frente de 35.000 hombres, no todos macedónicos, pues aproximadamente la mitad de estos efectivos eran griegos. Este ejército alejandrino siguió el litoral tracio y cruzó el Helesponto (estrecho de Dardanelos), desembarcando en territorio asiático. Luego de ofrecer sacrificios recordatorios ante las ruinas de Troya, avanzó hasta encontrarse con los soldados del Gran Rey a orillas del riachuelo Gránico, donde obtuvo sus primera victoria en lo que se conoce como la batalla del Gránico.

Ocupó luego las ciudades establecidas  en las costas del Asia Menor; sólo le ofrecieron resistencia Mileto y Halicarnaso, motivo por el cual la última fue destruida. En la primavera del año 333 (a. C.) desvió su rumbo hacia el norte, penetró en la Anatolia y ocupó la ciudad de Gordio. Luego marchó hacia el sur, en dirección de Siria; en Isso enfrentó y derrotó a un ejército persa de 600.000 hombres comandados por Darío III; como el campo de batalla era estrecho, los persas no pudieron maniobrar en limitado espacio. Darío huyó amparado en la oscuridad de la noche, dejando en el campo de batalla sus armas y su manto púrpura.

Alejandro continuó la marcha rumbo sur y penetró con su ejército en territorio fenicio, donde la mayoría de las ciudades se rindieron, con excepción de Tiro que, edificada sobre un islote, se preparó para la defensa. No obstante ello, esta ciudad fue ocupada por las huestes alejandrinas luego de siete meses de asedio. De esta manera, el ejército macedonio anuló el apoyo que la marina fenicia prestaba a los persas. Palestina prefirió entregarse. Desde aquí, Alejandro se dirigió a Egipto; tras aplastar la única guarnición persa en la ciudad de Menfis, fue calurosamente recibido por los egipcios, favor que supo agradecer respetando la religión del país de los faraones y rindiendo homenaje al dios Amón.

Habiendo conquistado el Asia Menor, Alejandro marchó al interior del imperio persa atravesando los ríos Tigris y Eufrates. En desesperado intento, Darío II lo esperó en las proximidades de la llanura de Arbeles con un ejército superior al millón de hombres. Ante la vista del extraordinario enemigo, Parmenio aconsejó a Alejandro que atacase de noche para obtener algunas ventajas, pero éste respondió: "No robo la victoria". Luego de feroz lucha, los persas fueron nuevamente derrotados en Gaugamela y Darío huyó hacia la Bactriana, perdiendo no sólo la batalla, sino también su imperio en el año 331 (a. C.). A los pocos días, Alejandro, dueño virtual de oriente, hizo su entrada triunfal en Babilonia. Luego Darío III sería asesinado por uno de sus sátrapa, Beso, quien lo había secuestrado.