Motor de vapor como propulsor de la transformación económica de los siglos XVIII y XIX

Friday, October 23, 2015

Hasta mediados del siglo XVIII, en Inglaterra, Francia y Alemania, la producción industrial, sobre todo textil y siderúrgica, era del tipo  semi-artesanal y de baja escala, con máquinas e instrumentos de gran sencillez que eran accionados en forma manual y a pedal. En algunos casos, en las hilanderías, forjas y los molinos para producir harina empleaban grandes ruedas movidas por saltos de agua para poner en movimiento a máquinas rudimentarias. Como la producción era lenta, los productos manufacturados no llegaban a suplir la demanda y, por lo tanto, eran costosos y sólo la gente de clase alta podía acceder a la mayoría de ellos. La mayor parte de la población vivía en zonas rurales trabajando como peones en grandes latifundios para terratenientes que les pagaban míseros jornales. Sin embargo, esta situación cambiaría radicalmente con el motor de vapor, el cual llevaría a las naciones europeas por un camino de no-retorno, erigiéndose como el gran propulsor y transformador de la economía y el paisaje urbano y social.

En 1764, el inglés James Watt inventó el primer motor de vapor utilizable en la industria. En 1769, luego de varias pruebas experimentales y exhibiciones públicas, el mismo abrió una fábrica de máquinas de vapor cerca de Birmingham. Para producir el vapor, se diseñaron y construyeron nuevas calderas, empleando como combustible la hulla, lo que aumentó rápidamente la extracción y producción minera de dicho mineral a medida que la industria del vapor se extendía por doquier. Los motores de vapor empleados primeramente en Inglaterra fueron adoptados en Francia, sobre todo después de 1815. Utilizábanse al principio caldera sencillas que no alcanzaban a suplir la demanda de motores más poderosos. En 1828, el ingeniero francés Séguin ideó un sistema de tubos huecos en el interior de la caldera lo que produzco mayor cantidad de vapor; es la caldera tubular.

En la primera mitad del siglo XIX, el motor de vapor y la caldera fue aplicada al transporte de minerales primero y luego de pasajeros. De esta manera nació la locomotora de vapor y los ferrocarriles. La primera locomotora práctica fue diseñada y construida por el inglés George Stephenson, siendo su velocidad máxima de 25 km por hora, pudiendo tirar 13 toneladas. La locomotora exigió vías o líneas férreas, como así también puentes, los cuales estaban construídos de rieles y bigas de acero. Esta demanda activó, a su vez, la industria siderúrgica y metalúrgica, que también emplearía la hulla, en vez de la madera. La industria del acero sería aplicada en la fabricación de nuevas armas, como los primeros fusiles modernos y cañones de gran calibre, que serían instalados en buques acorazados con este material.

El motor de vapor aplicado en los nuevos medios de transporte terrestre (ferrocarriles) y marítimos (buques) redujeron sensiblemente el tiempo empleado en transportar las mercancías a los centros de consumo, incrementando exponencialmente el comercio mundial. De esta manera, la industria se encumbró como el nuevo amo que demandaba cada vez mayor cantidad de materias primas, lo que llevaría a las potencias europeas a establecer nuevas colonias, tanto en Asia como en Africa. El gran crecimiento industrial y económico de Inglaterra, Alemania y Francia provocarían tensiones y rivalidades geopolíticas y económicas entre ellas, al tiempo que el nacionalismo, que había nacido con el romanticismo, se profundizaba, sobre todo en las potencias centrales. Este estado de cosas, llevaron a las naciones europeas a una gran carrera armamentista al promediar la segunda mitad del siglo XIX, pero sin que se produjeran enfrentamientos armados. Esto se conoce como la Paz Armada, la cual desembocaría en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Por Carlos Benito Camacho