Primera Revolución Industrial

Wednesday, October 21, 2015

La primera revolución industrial comenzó en Inglaterra en el siglo XVIII, de la mano del primer motor de vapor, el cual fue inventado por James Watt en 1764 y aplicado a la industria textil. La primera fábrica de motores de vapor fue abierta en Birmingham en 1769. Para producir el vapor, hacía falta las calderas, las cuales eran alimentadas por la hulla, un tipo de carbón mineral. Por lo tanto, se puede decir que el motor de vapor fue la chispa de la primera revolución industrial y el reactivador de la minería del carbón, el cual a su vez sería empleado para producir acero, que reemplazaría al hierro. A partir de 1786, en Manchester, la fuerza del vapor fue aplicada a los telares de hilar y de tejer, que hasta entonces eran movidos mecánicamente a pedal o manual. Los motores de vapor empleados primeramente en Inglaterra serían adoptados luego por Francia y Alemania.

La primera revolución industrial provocaría una profunda transformación económica y social. Las grandes fábricas textiles, que de repente aparecieron en las periferias de las grandes ciudades, atraerían a los trabajadores rurales, quienes vivían en estado de servidumbre trabajando por míseras monedas para los grandes terratenientes, hacia los centros urbanos. De esta manera, los campesinos se convirtieron en proletarios. Sin embargo, la clase proletaria también sería explotada, trabajando largos jornales de 12 a 14 horas diarias y sin descanso dominical. Esto se mantendría así por más de un siglo hasta la organización de los primeros sindicatos de obreros y mineros que se lanzarían a la lucha sindical, pidiendo salarios más alto y mejoras en las condiciones laborales. De esta manera, la primera revolución industrial terminó con los últimos vestigios de la Edad Media, con la eliminación de los trabajos artesanales y, por lo tanto, de las viejas cofradías y gremios medievales, ya que una tejedora automática impulsada por el motor de vapor podía producir en grandes cantidades y en forma masiva un producto en reducido espacio de tiempo, abaratándolo, por lo cual un artesano le era imposible competir con la máquina.

Luego el motor de vapor sería empleado en el transporte terrestre y marítimo, con la locomotora y los buques de vapor, lo que impulsaría el comercio continental y mundial. El motor de vapor aplicado al transporte también sería la chispa de la industria siderúrgica y grandes centros de fundición para producir acero se levantarían en el paisaje urbano inglés, alemán y francés. Esto aumentaría aún más la demanda de mano de obra, lo que provocaría que el número de obreros aumentase sensiblemente al promediar el siglo XIX. El surgimiento de la clase proletaria y el aumento del número de trabajadores de fábrica acentuaría la explotación, pero ésto no solamente llevaría a los proletarios a lanzarse a la lucha por sus derechos a jornadas laborales dignas con grandes agitaciones sociales, sino que también provocaría el surgimiento de las ideas socialistas utópicas y comunistas, de la mano de pensadores como Saint-Simon y Karl Marx, respectivamente.