Rusia en el siglo XIX

Thursday, October 22, 2015

Debido a su educación, en un principio el zar Alejandro I (1801-1825) tenía afinidad por las ideas liberales nacidas del Iluminismo francés. Sin embargo, en la realidad del imperio ruso, gobernó como un zar autócrata, concentrando en su persona todos los poderes, mientras sus súbditos no tenían ningún derecho. Ninguna asamblea estaba encargada de vigilar al gobierno y los ministros no eran más que los servidores del zar, cuyas órdenes eran ley. En el vasto territorio ruso, había poblaciones de diferentes etnias que habían sido sometidas sucesivamente por los diferentes zares desde Pedro I el Grande.

Tras el período de restauración del viejo orden monárquico luego de la caída de Napoleón en la batalla de Waterloo (1815), Alejandro I realizó un giro en sus pensamientos e inclinaciones y desconfió de las ideas liberales, dejándose guiar por Metternich, el primer ministro del imperio austríaco. Para impedir que las ideas liberales europeas penetrasen en Rusia, Alejandro I prohibió todos los libros extranjeros y que en las universidades rusas fuesen admitidos estudiantes alemanes y que los ciudadanos rusos fueran a estudiar a Francia e Inglaterra, al tiempo que todos los periódicos y libros eran sometidos a la censura.

Esta forma despótica y retrógrada de gobernar sería mantenida por los sucesores de este zar hasta la revolución de 1917, mientras que la economía y sociedad rusa mantendrían características medievales, con explotación de los campesinos y obreros y muchísima desigualdad social, lo que culminaría en la revolución bolchevique. Los sucesores de Alejandro I serían Nicolas I (1825-1855), Alejandro II (1855-1881), Alejandro III (1881-1894), y Nicolás II (1894-1917), pertenecientes a la dinastía reinante Romanov.

Sublevación de 1825

Alejandro I murió en diciembre de 1825 sin dejar ningún hijo. Su heredero natural era su hermano Constantino, establecido en Polonia. Éste se había casado con una polaca y no quería volver a Rusia y abdicó de antemano. El sucesor designado era, por lo tanto, su hermano menor Nicolás, pero éste ignoraba la renuncia de su hermano mayor Constantino y lo hizo proclamar zar y que le prestasen juramento de fidelidad los regimientos de Petersburgo, como así también a los altos funcionarios.

Los oficiales rusos que habían formado parte del ejército de ocupación en Francia después de 1815, habían aprendido a admirar los países más civilizados de Europa occidental y deseaban establecer en Rusia un régimen análogo. Algunos habían formado sociedades secretas. Una establecida al norte, en San Petersburgo, quería una monarquía constitucional limitada por instituciones. La sociedad del sur, formada en el sudoeste del país, quería establecer una república. Cuando se supo de la muerte de Alejandro I y la vacante del trono, los conjurados decidieron aprovechar las circunstancias para sublevarse.

Nicolás, que había sido informado que era el sucesor, ordenó que se le prestase juramento, pero una parte de las tropas que habían ya prestado juramento a Constantino, salieron con sus fusiles cargados y se apostaron cerca del Palacio. Nicolás I avanzó a la cabeza de una compañía hacia donde estaba el bando rebelde, quienes gritaban "viva Constantino, viva la Constitución. De a poco fueron llegando regimientos fieles a Nicolás, los cuales aplastaron la sublevación.