Japón antiguo y medieval (resumen)

Wednesday, November 4, 2015

El territorio del Japón está compuesto por un archipiélago; es decir un conjunto de islas, que se hallan en el Lejano Oriente, frente a las costas de Corea y China. Sus principales islas son: Honshu, la más grande, ubicada en el centro y donde se encuentra la capital Tokio; Hokkaido, al norte de ésta; y Shikoku y Kiushu al sur de la isla principal. El poblamiento de éstas y otras islas menores comenzó hace unos 30.000 años; eran grupos nomades, cazadores y recolectores. Hace unos 14.000 años, la población era del tipo pastoril semi-nomade. La práctica de la agricultura comenzó por grupos que migraron hacia estas islas desde China y Corea. De esta manera, los japoneses, fuertemente influenciado por los chinos cultivarían el arroz y el té, criarían gusanos de seda y fabricarían porcelanas y objetos lacados. En el siglo III antes de Cristo floreció la cultura Yayoi, cuyo período se extendería hasta el siglo III después de Cristo.

En el siglo III d. C., el reino más poderoso se llamaba Yamataikoku, el cual se expandiría hasta constituir un imperio. Al comienzo de este siglo, entró al Japón desde China el Budismo, el cual fue promovido por las clases reinantes teniendo mucha aceptación en la población. En el siglo VII, luego del período o cultura Asuka, el emperador Kotoku implementó las reformas Taika, por la cual Japón quedó unificado bajo su imperio. A este período le siguió el Nara, en el siglo VIII, en el que se destaca la emperatriz Genmei, quien estableció la capital del imperio en la ciudad Nara, y su sucesora la emperatriz Gensho. Hacia fines del siglo VIII (1794), el emperador Kanmu Tenno trasladó la captital del imperio desde Nara hacia Kioto, la cual sería la capital del imperio del Japón hasta el siglo XVIII, cuando Tokio se convertiría en la nueva capital imperial.

Organización social, política y militar

La sociedad japonesa estaba dominada por una nobleza de guerreros hereditarios. Unos 300 señores, los daimios, eran jefes de distritos. Estos tenían a sueldo 400.000 hombres de armas, los samurais. Estos últimos combatían a pie, cubiertos con armaduras y máscaras; llevaban siempre a la cintura dos sables, para combatir el uno, y otro para abrirse el vientre cuando eran condenados a muerte. El poder supremo pertenecía a un jefe noble que se había hecho hereditario, como los mayordomos de Palacio en la dinastía merovingia europea. Este jefe supremo se llamaba sogun (general en jefe) o taikun (gran señor). Sin ser emperador, el sogun dominaría política y militarmente todo Japón. Mientras tanto, los daimos pasaban la mitad del año en sus respectivos distritos y la otra mitad en la corte del emperador.

El emperador del Japón, el mikado, que pasaba por descender de los dioses, vivía oculto en el fondo del palacio. En el siglo XVIII, establecería la corte de su imperio en Yeddo (hoy Tokio), en la costa de un golfo. El sogun había reducido o limitado el poder del emperador al papel de "rey holgazán, que no se mostraba jamás al pueblo ni a los extranjeros. El mikado seguía siendo el jefe del antiguo culto rendido a las fuerzas de la naturaleza.