Peor tipo de contaminación

Sunday, November 29, 2015

Viendo las protestas callejeras en Paris contra el cambio climático, me vino a la mente la idea que el peor tipo de contaminación es la religiosa. El fanatismo religioso impone a las generaciones sucesivas, desde muy temprana edad, patrones de sentir y pensar que hacen raíz y rompen o divorcian al ser humano de la razón o sentido común, creando personas fuertemente estructuradas e intolerantes. Hoy en día, esta contaminación hace metástasis con la invasión monoteísta islámica a Europa y Occidente bajo el engañoso antifaz del "refugiado".

En el siglo XX y lo que va del XXI, los islámicos ya han asesinado miles y miles de seres humanos en todo el mundo con múltiples atentados terroristas sorpresivos en poblaciones civiles desprotegidas. Si el fundamento teológico primero del islam para la salvación del alma del individuo es matar al infiel, la contracara de esta violenta forma de monoteísmo es el cristianismo, cuyo fundador enseñó a sus discípulos a perdonar y ofrecer la otra mejilla cuando nos agreden. Este perdón irracional a aquél que nos ataca, aún cuando está en juego nuestra existencia como individuo o civilización, es uno de los postulados teológicos del cristianismo, que hizo raíz en el inconsciente colectivo y está presente en la mayoría de los occidentales, aún en los no-creyentes, en socialistas y comunistas.

En la antiguedad, Roma se erigió como una cultura politeísta, transformándose en los cimientos de la civilización occidental, pero se derrumbó siendo monoteísta, luego que el emperador Constantino se convirtiera al cristianismo, entrando en la lóbrega Edad Media como cristiana. A partir del siglo VII, Mahoma inició las grandes invasiones islámicas en su guerra santa para matar al "infiel", destruyendo a su paso pueblos y culturas politeístas para reemplazarlos por la locura monoteísta islámica.

En resumen, el monoteísmo en la historia ha alienado al hombre de la razón, la cual está representada en su grandiosa corteza cerebral, la cual el hombre la obtuvo a través de miles y miles de años de evolución luchando por la supervivencia, sin ofrecer la otra mejilla a quien lo atacaba, sino hundiendo su lanza en el vientre del enemigo. Esa es la realidad, afrontémosla.

Por Carlos B. Camacho