martes, 9 de octubre de 2018

¿Qué es gobernar? (mensaje de J B Alberdi desde su tumba)


Gobernar es dejar hacer; dejar hacer aquellas cosas constructivas y positivas para el individuo y la sociedad, para que esta última pueda desarrollarse económica y culturalmente a pleno en la faz de la tierra. Entonces, gobernar no es obstaculizar ni mucho menos prohibir lo que natural y legalmente es un derecho. Por lo tanto, gobernar es garantizar esas libertades individuales establecidas en la primera parte de la Constitución Nacional argentina, la cual es laica, racional y equilibrada.

Gobernar es allanar el camino a los ciudadanos para que éstos, los verdaderos constructores del progreso, puedan ejercer sus derechos constitucionales a pleno y realizarse a sí mismos como personas íntegras y constructivas, permitiéndoles avanzar económicamente y alcanzar aquel bienestar soñado, siendo la mejor política económica y social a corto, mediano y largo plazo de un gobernante la de hacer cumplir lo que ya está establecido en la Carta Magna. La única traba legal que debe haber en una sociedad civilizada es aquella dirigida contra las conductas insanas de los psicópatas y de asociaciones mafiosas o terroristas que, a través de sus actividades criminales, atentan contra la vida y salud de las personas y libertades individuales consagradas en la Ley Primera.

Gobernar no es aprobar leyes ni decretos que, a la manera de trabas y regulaciones burocráticas, coarten el libre emprendimiento individual o colectivo, ni tampoco lo es implementar prohibiciones y agregados de impuestos distorsivos y onerosos que vienen de la sinrazón de la pequeñez y estrechez mental del enano de turno que no sabe administrar la cosa pública como así también de las ideologías políticas extremas que llevaron a muchas naciones del mundo a la bancarrota, al hambre, al caos y a la violencia.

Gobernar no es beneficiar a algunos con prerrogativas especiales en detrimento de otros o de la mayoría; el principio de igualdad ante la ley, que emergió de la Revolución Francesa, es fundamental para el progreso y la paz social de un pueblo. 

Gobernar es impedir las actividades monopólicas privadas y/o estatales, pues las mismas son anti-constitucionales por su naturaleza extorsiva, totalitaria y de cohecho, y que violan los artículos 14 y 14 bis de la Constitución Nacional como así también el artículo 16. Toda ley, decreto, norma u ordenanza nacional, provincial y municipal respectivamente deben ser puestos en vigencia en función y dentro de los parámetros de la Carta Magna. 

No se debe olvidar esto: la Constitución Nacional NUNCA caduca ni pasa de moda; está plenamente vigente, es perenne y es y debe ser la piedra basal del andamiaje legal de un país, pues la Ley Primera es la creadora del Estado nacional y sus instituciones. Por lo tanto, ella IMPERA, como única soberana y a perpetuidad, y solamente por debajo de ella, deben yacer las demás leyes legisladas, las cuales deben apuntalar, sostener y proteger al ciudadano y la vida humana, que empieza con el embrión en el vientre de una mujer. Un capricho de un funcionario o gobernante enfermizamente ambicioso no es nunca una "ley genial y moderna", sino más bien insana e ilegal. Usted tiene el derecho y la obligación moral y racional de defenderla hasta las últimas consecuencias de aquel gobernante enfermo que quiere reformarla para acrecentar su poder y cercenar sus libertades. La única Constitución válida es ésta, la que surgió luego de la derrota del tirano y de la firma del acuerdo de San Nicolás de los Arroyos en 1852.

Vetusto son las conductas corruptas de algunos políticos, que a la manera de aquellos viejos caudillos, se arrogan el derecho de la suma del poder público, creyendo que su ambición desmedida es ley. La Nación Argentina debió sufrir más de treinta años de luchas civiles cruentas hasta la redacción y aprobación de la Constitución Nacional argentina en 1853 luego de la batalla de Caseros. Por lo tanto, todo ciudadano tiene la potestad natural de defender a capa y espada hasta las últimas consecuencias las libertades, derechos y garantías que de ella emanan cuando el gobernante este incapacitado por ineptitud, corrupción o enfermedad de hacer cumplir el mandato de la Constitución argentina. 

Y Recordemos: una nación no es una doctrina política, ni una estructura partidaria, ni un sello, ni un timbre, ni la tinta y el papel donde se escribe las resoluciones, ni una bandera, ni un escudo, ni tampoco una firma, ni mucho menos el sueño quimérico de un trasnochado. La nación está conformada por personas concretas y vivas que existen en un mundo real y tangible; la nación somos todos, pues somos un grupo de seres humanos unidos por una historia, un mismo idioma y patrones culturales en común. La bandera, el himno y el escudo son solamente símbolos con los cuales nos identifican en el mundo. La Ley Primera es la voluntad y expresión de ese conjunto de seres humanos. Por lo tanto, las leyes legisladas posteriormente a la aprobación de la Carta Magna deben sostener y garantizar su vigencia, nunca infringirla. La Corte Suprema de Justicia tiene la obligación ética y legal de hacer respetar la misma; ese es el objetivo fundamental de ella.

Resumiendo, gobernar es fácil, porque ya está todo dicho en la Constitucional Nacional, la cual es y debe ser nuestra brújula y nuestro rumbo ya trazado; gobernar es hacerla respetar a rajatabla. Es justamente ésto lo que han hecho los Estados Unidos de América, el país más poderoso del planeta, por más de 200 años de historia: hacer respetar su Constitución como política de Estado.

(Si pretende candidatearse para algún cargo en las próximas elecciones, deje su adolescencia y autocompasión en el llano y asuma sus funciones como una persona íntegra, madura y ecuánime, que es justamente ésto lo que los argentinos han carecido siempre: ecuanimidad).


Por Carlos Benito Camacho - Tucumán - Argentina. Cel 3814584111

lunes, 1 de octubre de 2018

Cultura argentina y la delincuencia

En el libro de antropología social de Marvin Harris, el autor define lo que significa cultura desde el punto de vista antropológico: "cultura son los patrones de sentimientos, de pensar y de comportamiento de un determinado grupo humano, como ser una tribu, ante determinadas circunstancias y que dejan huellas indelebles en el medio ambiente". Estos patrones de conductas se pasan de padres a hijos por enculturación; es decir, las conductas y formas de pensar deseadas o aprobadas por una sociedad son inducidos en los niños, y las que no son aprobadas son desalentadas a través de un sistema de premios y castigos que forman parte del entretejido moral.

En la actual cultura argentina, se desalienta el respeto por las leyes del Estado soberano y las normas de convivencia social que los próceres de aquel país supieron sabiamente fundar y construir. Todo ciudadano psicológicamente íntegro y responsable de sus actos con un principio del sentido de lo justo y adecuado es tildado de "jil" (estúpido), "botón", "fascista", o simplemente de "forro" por sus compañeros de trabajo o de colegio; y a aquel que no consume bebidas alcohólicas en una fiesta o no fuma un cigarrillo de marihuana en una universidad es calificado de "amargo" y "aburrido". Estos son los adjetivos utilizados por los argentinos cuando se juntan en masa, o mejor dicho en hordas o jaurías, para calificar y atacar arteramente al individuo brillante y diferente con sentido de la razón y lo justo.

En Argentina, el individuo es aplastado por la patota (masa), a la cual algunos políticos de ese país apoyan y la llaman "equipo". De acuerdo a la cultura argentina, el "equipo" debe imponerse y anular al individuo inteligente, porque los pensamientos sabios y distintos de éste son peligrosos y contradictorios al comportamiento caprichoso de la horda llamada "equipo". Es por ello que para poder sobrevivir allí, hay que asociarse a la masa y hacer lo que la masa hace. De esta manera, para obtener la aprobación del grupo, es necesario violar las normas y leyes a través de la mentira y la estafa al individuo incauto. Es esa famosa picardía criolla que esta destruyendo a ese país.

Lamentablemente, estos patrones retorcidos de pensar y actuar de la sociedad argentina también imperan en los ambientes o establecimientos de educación. De esta manera, en Argentina los colegios y universidades en vez de ser instituciones de formación académica y moral, son en realidad centros de deformación ideológica/psicológica que fomentan y premian la personalidad psicopática al no existir ningún tipo de límites al abuso y los excesos, tolerando el alcoholismo y el consumo de drogas. En las universidades argentinas, las doctrinas y fundamentalismos políticos valen más que la razón, la inteligencia y el conocimiento científico objetivo, porque estas doctrinas políticas extremas les permiten violar la ley y normas de convivencia. Algun día uno de estos estudiantes "educado" en uno de estos centros va a ser presidente y llevara al poder su inmadurez y adolescencia perenne como ha sucedido en los últimos años cuando los setentistas ascendieron al poder. Esta adolescencia perenne, caprichosa y soberbia forma parte de sus patrones culturales; es por ello que Argentina está como está: una republiqueta donde los derechos individuales de libertad e igualdad ante la ley, establecidos en su Constitución, son violados constantemente.

La "patota" es un rasgo sobresaliente de la cultura argentina y está enraizada en el tejido social. La patota es un conjunto de personas unidas por el capricho de hacer lo que se les antoja. Es un grupo de "amigos" que salen juntos a "divertirse". Este comportamiento grupal en masa se lo ve en todo los órdenes de la vida social, desde el fútbol hasta en la política. Para darle una definición más precisa, la patota es un grupo de individuos de personalidad psicopática que no toleran las leyes y las normas, y cuando no consiguen los que sus caprichos les dictan, delinquen, así esten en el llano o en la sima del poder político. Aunque algunos la llaman "equipo", en ralidad se trata de una horda de inútiles e inadaptados que pueden violar y asesinar a una mujer o a un vendedor ambulante como también saquear con el pillaje de guantes blancos al Estado Nacional.


Por Carlos Benito Camacho (antropólogo y guía de turismo NOA)

martes, 25 de septiembre de 2018

Primera locomotora de vapor

La primera locomotora de vapor confiable y práctica fue la Blücher. Esta fue diseñada y construida en Inglaterra en 1814 por George Stephenson, un ciudadano oriundo del pueblo de Wylan. Esta locomotora fue tan útil y eficiente que fue aplicada al transporte de cargas, siendo el primer uso del motor de vapor en tal sentido, ya que antes solo había sido aplicado en la industria textil. La Blücher de Stephenson fue puesta a prueba por primera vez el 25 de julio de 1814, remolcando vagones cargados con carbón en una vía en plano inclinado (en subida).

Sin embargo, la primera locomotora de vapor aplicada al transporte de personas fue empleada en 1825, circulando en una línea férrea entre las ciudades de Stockton y Darlington. Esta también había inventada y construida por George Stephenson. De esta manera, estas dos máquinas de Stephenson revolucionarían y agilizarían el transporte de pasajeros sino que también la industria del acero en la construcción de puentes ferroviarios y vías.

Abajo, locomotora "Blücher" de 1814

 




First steam engine used to carry freight and human beings

The first practical and reliable steam locomotive, which was successfully used as a means of transportation, was designed and built by George Stephenson, an Englishman from Wylam, England. Stephenson's brainchild was baptized "Blucher" and was first put to work on July 25, 1814, on the Cillingwood railway, whose track had been laid on a hill slope and measured 137 m (149 yd) long. It pulled wagons loaded with coal. However, the first steam-powered locomotive used in public transportation was used in 1825 on the Stockton and Darlington railroad, which was also built and run by Stephenson. It was an invention that revolutionized the history of Europe, for it was the spark that set off the Second Industrial Revolution.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Guerra de independencia de los EEUU (resumen)

Si bien la lucha por la emancipación de las trece colonias inglesas en la América del Norte comenzó con la batalla de Lexington del 19 de abril de 1775, ésta fue solo una escaramuza en donde un destacamento militar británico que se dirigía a incautar un depósito de armas y municiones de los rebeldes fue atacado por las fuerzas patrióticas causando muchas bajas en las filas inglesas. La guerra en sí cobraría importancia e intensidad cuando George Washington fue investido por el Congreso Continental con plenos poderes para enfrentar la ofensiva británica. De esta manera, el primer triunfo importante de los patriotas fue la batalla de Saratoga en septiembre de 1777.

En este último enfrentamiento militar, un ejército británico proveniente de Canada fue derrotado por las fuerzas revolucionarias bajo el mando de Horatio Gates. Sin embargo, los revolucionarios no pudieron impedir la penetración inglesa en Filadelfia, por lo tanto el Congreso debió trasladarse a Lancaster. No obstante, el triunfo de Saratoga tuvo importantes consecuencias, ya que puso a salvo Nueva York, facilitando las gestiones de Benjamin Franklin en París, por la cual la Corona francesa intervino en la guerra a favor de los rebeldes.

En Francia la lucha por la independencia de las trece colonias despertó mucho entusiasmo. Después de Saratoga se produjo la alianza franco-americana. Muchos ciudadanos galos cruzaron el Atlántico y se ofrecieron como voluntarios ante el Congreso. Pero la fuerza expedicionaria francesa más importante para luchar contra los ingleses era conducida por el marqués de La Fayette . El monarca francés Luis XVI, deseoso de tomar desquite contra Gran Bretaña, proveía de armas y municiones a los americanos. Esta ayuda gala fue decisiva para el triunfo de los revolucionarios norteamericanos.

El conflicto armado se prolongó por cinco años. Los ingleses se fortificaron en el sur, donde contaron con la ayuda de algunos sectores de los colonos. Sin embargo, el dinero y la marina francesa inclinaron paulatinamente la balanza en favor de la causa revolucionaria. De esta manera, el ejército de George Washington y la marina de guerra francesa bloquearon Yorktown, Virginia, en 1781, donde las tropas inglesas se habían atrincherado. Los americanos lo hacían por tierra y los galos por mar. Frente a este implacable asedio de ambas fuerzas, los británicos se vieron obligados a rendirse.

Tratado de París de 1783: la firma de la paz

La guerra se había hecho impopular en Inglaterra, y tanto el partido Whig com los comerciantes de Londres anciaban el final del conflicto, ya que éste les provocaba muchas pérdidas. El gobierno inglés, a través de su Primer Ministro William Cavendish, inició entonces conversaciones con el representante norteamericano en Europa, John Adams, quien era asesorado por Franklin y Jay. Estas conversaciones llevaron a la firma del Tratado de París firmado en 1783. Por este acuerdo de paz definitivo, Inglaterra reconocía la independencia de las trece colonias de norteamerica; por su parte, Francia recuperaba Saint Pierre y Miquelón en América, Senegal en Africa, y España, que también había ayudado a los patriotas norteamericanos, readquirió la Florida, la cual había cedido luego de la Guerra de los Siete Años.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Congresos de Filadelfia (1774 y 1775)

Los congresos de Filadelfia de 1774 y de 1775 fueron las dos asambleas compuestas por los representantes de las trece colonias inglesas de Norteamérica que se reunieron en esa ciudad para tratar los aumentos de los impuestos aduaneros al té y otros artículos como así también el cierre del puerto de Boston y las prohibiciones de las reuniones públicas por parte de Jorge III, el monarca británico. El cierre de este puerto se debió a las protestas de los colonos contra la suba de impuestos.

Al congreso de 1774 asistieron en calidad de representantes importantes personalidades, como George Washington, John y Samuel Adams, John Jay, etc, en representación de doce colonias (Georgia no asistió). Allí se resolvió solicitar al rey inglés la supresión de las leyes que imponían contribuciones arbitrariamente por el parlamento inglés sin el consentimiento de éstas, las cuales no tenían representantes en el mismo.

No solamente el monarca Jorge III rechazó las proposiciones del congreso de 1774, sino que también envió más tropas a las colonias americanas. Debido a ello, en mayo de 1775, luego de la victoria militar en Lexington, se reunió el Segundo Congreso Continental, en el que participaron todas las colonias. En esta asamblea estaban los hombres más decididos e iluminados del movimiento de emancipación, como Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, George Washington, los Adams, Robert Morris, etc, partidarios todos de la independencia total de las trece colonias.

Resoluciones del Segundo Congreso Continental

Esta asamblea resolvió organizar rápidamente un ejército y eligió a George Washington, quien era diputado por Virginia, como comandante en jefe del mismo. Washington tenía cuarenta y tres años y era un rico hacendado que gozaba de gran prestigio entre sus compatriotas, tanto por sus dotes intelectuales como por sus condiciones morales. Este sitiaría y tomaría Boston.

Pero la resolución más importante de este congreso fue la tomada el 4 de julio del año siguiente, que fue la declaración de la independencia absoluta de las trece colonias. Esta fue redactada por una comisión en la que figuraban John Adams, Benjamin Franklin y Thomas Jefferson.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Antonio Nariño

Antonio Nariño fue un prócer y precursor de los movimientos de emancipación de las naciones hispanoamericanas. Nació en Bogotá, Nueva Granada (actual Colombia), en 1765. Luego de frecuentar las aulas universitarias de su ciudad natal, integró un grupo juvenil dedicado a comentar toda la producción literaria e intelectual de su tiempo.

Antonio Nariño fue influenciado profundamente por las nuevas ideas del Iluminismo del siglo XVIII, convirtiéndose en un gran admirador de Juan Jacobo Rouseau, Voltaire y de los enciclopedistas. En 1794, traduzco la Declaración de los Derechos del Hombre, la cual había sido publicada el año anterior en París, imprimiéndola en un taller gráfico de su propiedad. Pero cuando el gobierno descubrio su publicación la hizo quemar, y lo sentenció a diez años de prisión en el norte de Africa por sus actividades en contra de los interereses de la Corona y por fraude durante su trabajo como recaudador impositivo. Sin embargo, cuando el barco que lo llevaba atracó en España, Nariño logra escaparse, huyendo hacia Francia y luego a Inglaterra, con el propósito de despertar el interés de este país en apoyar un expedición libertadora.

En 1807, Antonio Nariño regresó en forma furtiva a Nueva Granada. Cuando comenzaron los movimientos revolucionarios en Sudamérica, fue arrestado nuevamente en 1809 y enviado a la prisión de Cartagena, donde fue tratado como un criminal común. Sin embargo, sería liberado al año siguiente cuando la revolución se acrecentaba y ganaba adeptos. En esos momentos tres Estados emancipados emergieron y fue nombrado gobernador del Estado de Cundinamarca.

Nariño, partidario de un gobierno central fuerte, participaría de la guerra civil entre unitarios y federales, comandando un ejército de unos dos mil hombres. No pudo vencer a los federales en el sur del país y fue tomado prisionero y enviado a prisión por cuatro años. Mientras tanto, proseguía la lucha por la independencia y los españoles lograron recapturar Bogotá en 1816. En 1820, cuando estalló en España una rebelión contra Fernando VII, exigiéndo la restauración de la Constitución liberal de 1812, la lucha se renovó y Nariño fue liberado y regresó a su hogar en 1821.

En ese entonces, Simón Bolívar intentó crear la república de los Andes, que luego se llamaría Colombia y convocó en Cúcuta a una asamblea constituyente, en la cual Nariño sería diputado y vice-presidente interino, pero pronto renunciaría por motivos de salud. Tenía las intenciones de ser electo senador, pero sus enemigos políticos conspiraron contra él. De esta manera, Nariño fue acusado de malversación de fondos públicos, covardía y alta traición. El proceso judicial no había terminado cuando Antonio de Nariño murió en diciembre de 1823.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Movimiento del Socorro

El movimiento del Socorro fue una revolución de los comuneros iniciado en la villa del Socorro, en el Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia y Venezuela), en 1781. El mismo se trata de una rebelión contra la arbitraria elevación de los impuestos, que recaía sobre el pueblo.

Luego de la implementación de nuevas cargas impositivas por parte de las autoridades españolas, el 18 de abril de 1781 se reunieron más de seis mil personas y decidieron nombrar una Junta Común con el objeto de encargarle la representación general. Este movimiento fue creciendo con la adhesión de nuevos pueblos y el 26 de mayo de ese año más de veinte mil adeptos marcharon hacia Bogotá en procura de sus demandas.

Las autoridades peninsulares alarmadas ante el giro repentino de los acontecimientos se dispusieron a escuchar a los amotinados, quienes pedían la abolición de algunos impuestos, la disminución de otros y la entrega de las salinas a los indios. En el orden político, se reclamaba la cesación de los abusos en el cobro de los derechos y la preferencia por los americanos para ocupar cargos públicos.

Aunque en un principio las autoridades aparentaron aceptar las peticiones de la Junta Común, una vez firmadas éstas aprovecharon la debilidad de algunos dirigentes para desvirtuar las demandas. De esta manera, el movimiento que había comenzado con los mejores augurios quedó totalmente trunco, ya que los españoles nunca cumplieron lo pactado.

De los hechos que motivaron la insurrección se desprende que, si bien el principal objetivo fue aliviar la situación económica de los neogranadinos, agravada por los nuevos tributos, ese clamor inicial derivaría hacia una protesta general contra las arbitrariedades de los recaudadores y hacia la obtención de la igualdad política y social de los americanos.