viernes, 6 de octubre de 2017

Los húngaros

Origen- Los húngaros, o magiares, eran un pueblo de raza mongólica, como los hunos. Por lo tanto, al igual que estos últimos, eran originarios de las lejanas estepas asiáticas. Eran pastores nómadas extremadamente belicosos, como lo eran los vikingos y algunas tribus germánicas que aún no se habían convertido al cristianismo. Aparte de su actividad pastoril, también se dedicaban a la caza. A mediados del siglo IX atravesaron los Cárpatos (sistema montañoso ubicado en Europa del este) para finalmente establecerse en la llanura de Panonia (hoy Hungría).

Desde ese estratégico lugar, los húngaros sembraron el terror en Francia, Italia y Germania (Alemania). Solían ser sumamente crueles y sanguinarios, atacando y saqueando varias veces en pocos años las mismas regiones, sembrando el caos y el terror. Los efectos devastadores de sus correrías se recuerdan con temor y perduran aún hoy en día en la expresión "ogro" que deriva de "ogur", el cual era el nombre primitivo con que se los designaba originalmente y del cual deriva la palabra "húngaro".

Los feroces ataques de los húngaros eran difíciles de contener militarmente. Solo se los detenían frente a los lugares fortificados, pues no querían asediar, sino saquear para llevarse el ganado, cosechas y tesoros. Sin embargo, en el año 955, el rey de Germania Otón I organizó un ejército que derrotó a los húngaros en Lech en una sangrienta batalla que duró casi todo un día. Esta gran victoria de los germanos puso fin a los saqueos, favoreciendo la sedentarización de este pueblo de origen asiático. Esto permitió las tareas evangelizadoras de los misioneros cristianos.

Creación del reino de Hungría

Conversión al cristianismo- En el año 977, un jefe húngaro Vajk inició una política de unificación de su pueblo. Vajk se convirtió al cristianismo y en el año 1000 el Papa Silvestre II lo coronó Rey de Hungría con el nombre de Estaban I. Esto permitió la conversión al cristianismo de todo el pueblo húngaro. Luego de un largo reinado de cuarenta años, transformó a su país en un baluarte cristiano. De esta manera, Esteban I fue santificado por la Iglesia y es considerado héroe nacional de la Hungría moderna. Los húngaros modernos no tienen ya las fasiones o rasgos marcadamente asiáticas de otros tiempos, pues éstos se mezclaron racialmente con otros pueblos de razas eslavas y germánicas a través de los siglos.