sábado, 23 de junio de 2018

La historia del payaso bipolar

El síndrome que sufren los payasos, o la mayoría de ellos, no es otra cosa que una psicosis bipolar. Esto quiere decir, que los comediantes y payasos circences tienen etapas de euforias, seguidas por depresiones profundas, de las cuales salen luego de unos días con un repentino y misterioso "click" en sus mentes para pasar nuevamente a la etapa de euforia, la cual la muestra en público. Pero el estadio depresivo solo queda en su vida privada, de la puerta de su casa para adentro. Es por ello que la mayoría de las personas piensan que los comediantes (actores de cine y teatro) como así también los payasos de circos son gente felices y fuertes de personalidad. Sin embargo, es todo lo contrario: los payasos son eufóricos, pero nunca felices.

La euforia no es la felicidad. La gente suele confundirlas, pero nada que ver. La felicidad es un estado permanente alcanzado por una persona psicológicamente íntegra y templada, que ha llegado a la madurez plena. La persona feliz se caracteriza por la templanza, la tranquilidad, paz interior y sentido de satisfacción con uno mismo; por lo tanto, la felicidad es estable, firme y constante en el tiempo y no siempre aparece con un rostro sonriente; un hombre o mujer puede no tener una sonrisa en sus caras pero estar felices. Mientras que la euforia, por lo contrario, es solo una fase efímera de un estado emocional desencajado y "sin razón" que se va pronto para dar lugar a una gran depresión: ese sentimiento de que todo es sombrío y negativo y que el futuro es terriblemente incierto. Todo payaso es bipolar y todo bipolar tiene un triste payaso dentro que se asoma en público de tanto en tanto. La persona eufórica se rie y sonríe todo el tiempo, mientras que la persona feliz solo se sonríe cuando el humor lo sorprende.

Un gran ejemplo de payaso bipolar es la historia de Frank Oakley, un payaso de Nueva York conocido como "Slivers", de principios del siglo XX. Muy popular, trabajaba junto a su pareja Mareceline. Fue encontrado muerto en su domicilio de la calle 73 nro 808. Slivers se había suicidado. Sus admiradores y público en general no lo podían creer que una persona tan "alegre" haya tomado tal drástica resolución, la de quitarse la vida, sin causa objetiva alguna, ya que no tenía deudas ni mucho menos se le había muerto ningún ser querido ni tampoco sufría de una enfermedad terminal.

Por Carlos Benito Camacho (Thor)